RIO (1. Piloto)

PRÓLOGO

En el orfanato de Ciudad Perdida el calendario se reiniciaba cuando quien atesoraba el poder era derrocado.

   En el año XIII del rey Ismael II, el Impasible, un bebé recién nacido fue abandonado por un ente que llamaron Espectral. Se desconocía el origen de aquella sombra capaz de proyectarse sin la luz del sol. La gobernanta, Erin Mayer, aseguró que antes de que dejara el cuerpo en el portalón hizo una reverencia a aquella vida recién nacida y mientras se incorporaba cientos de monedas de oro salieron de las mangas de su túnica.

   Desde entonces muchas leyendas y mentiras recayeron sobre la cabeza de aquella niña.

1. PILOTO

Año XIII del reinado de Ismael II, el Impasible

 

Erin Mayer se desplomó en el suelo delante de la imagen que se proyectaba ante sus ojos:

         En una noche cerrada, Espectral se transmutó en una sombra a ras del suelo y al tiempo que se adentraba en la madre tierra se levantaba un humo rojizo y dorado del que emanaba un hedor de sangre y azufre. Al instante, empezó a llover con virulencia y el cielo se partió en un duelo de rayos y truenos.

         Cerró los ojos aterrada, cuando los abrió se hallaba en sus aposentos con la niña en su regazo y en la mesa de su escritorio se encontraban las monedas perfectamente apiladas. No recordaba cómo había llegado allí ni tampoco haber recogido el dinero del suelo.

         Ambas estaban empapadas. Ella temblaba de frío; en cambio, el bebé emitía sonidos guturales de felicidad.

         El instinto de supervivencia se antepuso al pavor que sentía. Primero abrió el grifo para que la bañera se fuera llenando con agua tibia y luego, procedió a cambiarse de ropa.

         Tomó a la niña en brazos. Le sorprendió que estuviera seca como sino le hubiera caído ninguna gota. Desvistiéndola inició un cántico que jamás había rezado con anterioridad:

Que lo dioses la amparen,

los conocidos

y aquellos que aún no han sido nombrados.

Que la oscuridad

nunca toque su manto.

Que sea Río

que lo limpia todo a su paso.

         Introdujo a la vida nueva en el agua y esta desapareció. La señora Mayer no daba crédito: no podía verla, pero sí notar el contorno de su cuerpo. El miedo hizo que la soltara a su merced, dio varios pasos atrás y ahogó un grito entre las manos enlazadas.

         —¡Por los dioses conocidos y aquellos que aún no han sido nombrados, tengo que sacarla del agua! —exclamó la gobernanta con más miedo que piedad.

         —¡Estoy bien, gracias! —dijo una voz en su interior.

         Un escalofrío la recorrió. Imaginó que la visión de Espectral la había sumido en un estado de locura transitoria: no veía con nitidez y escuchaba voces. Se armó de valor. Aquel bebé no debía sufrir las consecuencias de su estado. Quitó el tapón de la bañera e intentó tocar su cuerpo. En varias ocasiones percibió cómo se escurría entre sus dedos.

         —Este es un juego divertido. La mujer de los cabellos azules me lo enseñó —habló la misma voz dentro de la cabeza de Erin.

         —No, no es un juego para mí. Tengo miedo. —Sollozó.

         —Lo siento —se disculpó antes de materializarse de nuevo.

Ilustración de portada: Andrea Obregón Mantecón

Diseño de portada: Alicia Adam

Río portada definitiva

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