Publicado en A partir de 10 años, Cuento

LA LADRONA DE CONTRASEÑAS. CAPÍTULO 2

CAPÍTULO 2

Pedro estaba con sus padres en la playa, estaba siendo una primavera calurosa y estaba deseando meterse en el mar para poder quitarse la mascarilla y respitar aire puro.

—¡Pedro espera!, ¿Te has puesto crema protectora? Mira que luego te achicharras.

Odiaba ponerse ese potingue hasta en la cara porque luego le escocían los ojos.

—Después del baño mamá.

—De eso ni hablar, te la pones ahora y esperas un rato antes de bañarte. Mira tu móvil ha sonado —y le acercó el móvil.

Pedro vio rápidamente que era un mensaje de Andrés. Algo debía ocurrir porque era extraño que le contactara por mensaje cuando en la tarde habían quedado por Zoom.

Cuando leyó el mensaje, miró la hora. Tendría que salir ya si quería llegar a timpo a la reunión.

—Mamá, tengo que ir a casa, por lo visto hay cambios en un trabajo del cole y los compañeros se van a reunir en Minecraft.

—Vaya modas. No sé cómo os reunís y os entendéis por ahí.

—Me voy que no llego.

—Pues llévate tu mochila con la toalla y tus gafas de buceo que yo no puedo con todo.

Algo fastidiado, porque no se había dado el ansiado baño, pero aliviado de no embadurnarse de crema protectora que lo dejaba más blanco que la pared y pringoso, salió corriendo mientras su madre le gritaba:

—¡Y come fruta cuando llegues, que son vitaminas y estás creciendo! ¡Y dile a tu padre que comemos a las tres!

—¡Sí mamá!

El ordenador tardó algo en arrancar, tenía que actualizarlo con su tío, ampliarle la memoria y cambiarle el disco duro por uno más rápido.

—Hola, soy Pedro. Mi código es P13.

Varias voces devolvieron el saludo a la vez.

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—De verdad que tenías que haberte puesto el código de P2 —bromeó Andrés como siempre, en esta ocasión compartía pantalla con Marta.

Todos rieron.

—¡Ja! Estás gracioso esta mañana.

Se escucharon más risas.

—Bien, ¿estamos todos? —era la voz de Ana

—Parece que sí —respondió otra voz de chico. Era Jaime, el cerebrito del grupo.

—A ver, paso lista: Andrés, Ana, Pedro, Jaime, Bea, Marta, Tina, Katy, Juanjo, Simón… —Ana siguió diciendo nombres hasta que terminó el listado.

—Es una suerte que hayáis podido estar todos en casa hoy sábado —Comenzó diciendo Andrés.

—A mí me ha venido genial, hoy íbamos a casa de mi tía y soy el único joven —dijo Juanjo, convencido de que todos se compadecieron aunque fuera un poco.

—Bien, como os pusimos en el mensaje, la clave de uno de nosotros ha sido descubierta. Os lo explica todo Marta —dijo Andrés.

—¡Uf qué mal rato me llevé! —la aguda y chillona voz de Marta hizo que más de uno bajara el volumen de sus cascos—. Me quedé a dormir en casa de mis tíos maternos porque mis padres iban a una boda a no sé donde y no me querían dejar sola en casa un fin de semana entero. Algunos conocéis a mi prima Ruth y lo cotilla que es.

—Sí —dijo Bea—, yo la he conocido y os aseguro que es así. Me dejé el móvil en la mesa para ir al baño y cuando volví la pillé intentando descifrar el patrón de desbloqueo de mi móvil.

—Exactamente, así es mi prima. Bueno pues resulta que en la penúltima reunión de zoom que tuvimos, la tuve que hacer en la habitación de mi prima y como comprenderéis estoy casi segura de que me vio meter la clave, porque no se despegaba de la mesa.

Se escucharon algunos murmullos de indignación.

—No me preocupé porque me dije, que total, es muy difícil cotillear en Zoom porque todos sabríais que no era yo si la véis a ella por la videocámara. Pero resulta que en la última vídeoconferencia no pude entrar y salía <<CONTRASEÑA ERRÓNEA>>, pero es que a mi correo tampoco puedo entrar.

—Es verdad, nos extrañó a todos no verte —dijo Leo, con un acento argentino. Era el más nuevo del grupo y tenía predilección por Marta,

—No puedo creerme que haya alguien tan ruin —saltó Simón—. Algo debemos hacer para recuperar tu cuenta.

—Sé que tiene una libreta donde apunta todas las direcciones, contraseñas y claves que va robando. No sé porqué lo hace, además que es delito y si alguno llamara a la policía le caería una buena. Pero mi tía está embarazada de siete meses y no quiero darle un disgusto. Sería mejor darle una lección a mi prima Ruth y que no vuelva a robar ninguna cuenta más, porque además lo hace por fastidiar y diversión. Por eso hoy estoy con Andrés en su ordenador.

—¡Sí! Merece un escarmiento —aplaudió Ana—. Y yo tengo un plan.

Todos callaron esperando las indicaciones de Ana.

—Marta y Bea, necesitáis una excusa para volver a casa de tu prima y os explico qué haremos, escuchad con atención.

Continuará…