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La ladrona de contraseñas. Capítulo 3

CAPÍTULO 3

El viernes siguiente Bea llegó puntual a casa de Marta para hacer un trabajo de ciencias y llevar a cabo el plan que habían trazado entre todos y cuyo cerebro principal había sido Ana, con las puntualizaciones de Jaime, siempre pendiente de los detalles.

—Voy a hablar ahora con mi madre, antes de que se vaya a caminar, ve preparando las cosas para salir en cuanto me de permiso.

Bea asintió y comenzó a meter en la mochila la cámara, los ordenadores y los cargadores.

—Mamá voy a casa de la tía, mi ordenador está dando problemas y Bea no se ha traído el suyo. Le voy a pedir a Ruth que me deje un rato el suyo para enviar las tarea —la voz de Marta sonaba preocupada y su madre asintió comprensiva.

—Pero veniros para las dos, que la comida estará lista.

La casa de la tía de Marta se encontraba a solo dos manzanas y en pocos minutos estaban en la habitación de Ruth, que había ido a clases de tenis, tenían dos horas y media. Más que suficiente.

Conectaron el ordenador de Bea con la webcam y comenzaron sesión de video conferencia con el grupo para que vieran en directo la recuperación de la contraseña de Marta.

Buscaron por todas partes pero ni rastro de la libreta.

—Seguramente la lleve consigo —dijo Bea pensativa.

—Umm, o no… —Marta miraba al terrario de su prima—. Justo en un lateral había un bulto sospechoso, color ocre.

—Eso, eso, eso es… es… una… taránt… —Bea estaba entre horrorizada y alucinada.

—Sí, es Cleopatra, la tarántula de Ruth. No es venenosa, pero impone… ¿verdad? —explicó Marta—. El lugar perfecto para esconder…

Nature scene with tarantula spider on rock illustration

—No puede ser verdad —suspiró Bea resignada ante la evidencia.

Desde el grupo de amigos se escuchaba también la voz de Simón diciendo que ojalá estuviera él allí.

—Me encantan los terrarios —dijo.

Marta metió la mano sin pensarlo en terrario bajo la atenta mirada de todos.

—¡Puaj! ¡Qué asco, Marta! —exclamó Bea.

Pero Marta ya tenía la pequeña libreta en sus manos.

—¡Rápido, fotografía cada página y lo devolvemos a su sitio antes de que Cleopatra salga de su escondite!

—Ma… Ma… Marta —A Bea no le salía la voz—. Dime que esa que camina por tu hombro no es Cleoatra.

Un grito salió de lo más profundo de Marta.

—¡Quítamela! —y en una de las sacudidas, la tarántula saltó a la cama de Ruth.

Continuará…