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La ladrona de contraseñas. Capítulo 4

CAPÍTULO 4

En Zoom estaban todos nerviosos, hasta que Andrés se hizo con el control de la situación.

—Bea, termina de fotografiar la libreta para ponerla de nuevo en el terrario, y tú Marta busca un tupper en la cocina de tu tía y atrapa a la tarántula antes de que se esconda.

Marta bajó corriendo a la cocina, su tía hablaba por teléfono y no se percató de lo que hacía. En un minuto estaba de nuevo en la habitación siguiendo las instrucciones de Simón, experto en cazar insectos sin dañarlos. Le gustaba estudiarlos y verlos de cerca en algún bote transparente y luego los dejaba en libertad.

—Marta, mándame una foto de la tarántula y la busco por Lens.

Cleopatra se encontraba ahora sobre la funda de la almohada, muy tranquila e inmóvil, y pudo fotografiarla con detalle, aunque muy alerta. Tenía la impresión de que en cualquier momento daría un salto hacia ella.

Mientras, Bea ya había devuelto la libreta a su sitio. Hizo un gran esfuerzo por disimular el asco que sentía. No le hacía ninguna gracia meter la mano en el terrario, y se preguntaba si habría alguna sorpresa mas allí dentro.

Illustration of the two girls watching the spider

El grupo reía de la situación y hacía chistes. De vez en cuando alguna voz se oía más que las demás:

—Ánimo Bea, seguro que puso huevos y salen arañitas.

—Venga Bea, que tú puedes…

Y las risas no cesaban. Bea, ante cualquier comentario retrocedía haciendo muecas y exagerando la cara de asco.

Las risas todos risas aumentaban.

Ana intervino:

—Chicos, esto es divertidísimo, pero no podemos olvidarnos de nuestra misión. Venga Marta, ¡ánimo!

—Marta, buenas noticias —interrumpió Simón—. Esta tarántula es muy tranquila, podrías incluso acercar tu mano para que se suba en ella y devolverla al terrario sin estresarla.

—Ni pensarlo —respondió Marta—. ¡No veas si impone de cerca! ¡Es enormeeee! Además, ¡¡¡la que está estresada soy YOOOO!!!

Todos rieron. Su voz aguda y su expresión era aún más exagerada que la de Bea.

Con paciencia acercó el tupperware a Cleopatra hasta que la tarántula caminó lentamente hacia él. Después, bajo la atenta mirada de todos, volcó bruscamente el recipiente y dejó caer a la tarántula en el terrario, que cerró inmediatamente, dejando escapar un suspiro de alivio.

Quedaba ya poco tiempo, así que se despidieron del grupo, desconectaron ordenador y cámara. Justo a tiempo, porque en ese momento la tía de Marta entraba en la habitación.

—¿Todo bien? Estaba hablando por teléfono, pero oí gritos.

—¡Ah! —Marta pensaba rápido, no sabía qué decir.

—La culpa ha sido mía —dijo rápidamente Bea—. Tengo fobia a las arañas, hasta la más pequeña y al conocer a Cleopatra… Bueno… creo que tendré pesadillas hoy… —Bea movía las manos al hablar con mucha teatralidad y la madre de Ruth no pudo evitar reírse.

—Si te digo la verdad, te comprendo. No sé cómo mi hija puede tener una mascota así. Yo ya se lo he dicho a ella y a su padre, otro fan de Cleopatra, que como se les escape nos vamos de casa todos.

Rieron las tres.

<<Si mi tía supiera>>, se dijo Marta divertida, mientras colocaba su mochila en el hombro y se preparaba para despedirse.

Continuará…