Publicado en A partir de 10 años

El pintalabios de Pedro. Capítulo 8

UNA INVITACIÓN MUY ESPECIAL

Salir de compras con su madre, no era el mejor plan para Marta, porque ya aprovechaba para que se probara zapatos para el nuevo curso y luego, como siempre, llegaban los comentarios de rigor que Marta se sabía de memoria:

—¡Qué barbaridad Marta, cómo estás creciendo! No gano para comprarte pantalones. ¡Mira, aquí venden unos pijamas monísimos!

Y Marta iba y venía y entraba y salía de un probador a otro.

«Me debes una, Pedro,» pensó Marta, mientras se probaba una falda que por supuesto no se iba a comprar se pusiera como se pusiera su madre. Ya había acumulado dos pantalones vaqueros, una sudadera con capucha y cremallera y dos camisetas de manga larga.

Marta ha ido de compras con su madre para ayudar a Pedro y no pensaba que tendría que probarse tanta ropa. Su madre quiere que se compre otra falda, pero a Marta no le gusta.

Después buscaron unos zapatos de deporte, hasta que por fin, su madre dio por finalizada la compra y propuso merendar en una pastelería.

—¿Tú crees que esa barra es la que necesita Pedro? —preguntó la madre de Marta—, como os ha sobrado dinero puedes comprar alguna más, en esa tienda los venden muy baratos.

—Creo que este es perfecto pero que igual una barra de pintura blanca y un lápiz de ojos de color negro no le vendría mal —dijo Marta entusiasmada.

—Sabes hija, me gustan mucho tus amigos, y cómo os cuidáis unos a otros.

—Es que nos conocemos desde la guardería —contestó Marta, mientras la camarera le dejaba su vaso de leche con en la mesa, «y me gusta Pedro», pensó casi ruborizándose.

—Es cierto y como ha volado el tiempo, hace nada erais así —dijo señalando unos palmos de altura con la palma de la mano—. No te lo he dicho, pero he hablado con la madre de Pedro y se lo he contado todo.

—¡¡PERO MAMÁÁÁÁ!! ¡Confié en ti! ¡Pedro se va a poner furioso! —Marta dejó su vaso de cacao y suspiró indignada.

—Pues va a ser que Pedro no está enfadado —dijo la madre de Marta con tono misterioso.

—¿Y eso cómo lo sabes? —preguntó Marta.

Marta se temía que su madre ya había hecho de las suyas por su cuenta y sin preguntarle, esperaba no tener que arrepentirse por haber confiado en ella. Conocía muy bien a Pedro y siempre era reservado, salvo con su hermana Lola.

—Es una sorpresa, no puedo decirte más. —Marta miraba a su madre como mordía un trozo de pastel sin poder disimular una sonrisa.

Por supuesto su madre algo tramaba, la conocía muy bien, pero eso le preocupaba más, ¿qué explicación iba a dar a la pandilla? No estaba segura de que comprendieran la decisión de su madre, pero tendría que explicarles que ella no tenía nada que ver. Esto se les había escapado de las manos. Con lo fácil que era comprar un pintalabios y dárselo a Pedro de parte de todos, aquella misma tarde. Ahora con los adultos por medio y tomando sus propias decisiones, a ver qué sorpresa les iban a dar. Tenía los vellos de punta solo de pensarlo.

«Menuda faena y menudo giro ha dado todo», se dijo Marta con fastidio.

—No te preocupes y merienda bien, confía en mí. Es una sorpresa que te va a gustar.

Aunque su madre había adivinado sus pensamientos, le costó tranquilizarse.

Continuará…