Publicado en Cuento

El regalo de Carolina

El Rey Melchor llegó corriendo hasta Baltasar para decirle que el juguete de Carolina, la de la calle 48, parecía haberse extraviado.

—¡Qué extraño! —dijo Gaspar mirando su pergamino— El camello mil cuarenta y cinco, lleva el regalo de esa niña y los pajes Miguel y Carmen lo han cuidado en el camino.

Melchor lo comprobó y el regalo no estaba.

—Que un paje traiga la carta —ordenó Baltasar—. Leamos lo que pide Carolina, a ver si podemos resolver este misterio.

Y el camello mil cuarenta y cinco salió de la fila, con mucha prisa, porque el tiempo que tenían era muy justo y aún les quedaba cruzar Oriente y llegar hasta las tierras de la Torre de Pizza.


—Esta es la carta —dijo el paje Gustavo.

—Veamos —Melchor abrió el sobre y comenzó a leer:

<<Queridos Reyes Magos, muchas gracias por existir. Me encanta esperaros cada Navidad y me hace mucha ilusión. Este año sin embargo os pido que me traigáis un coche rojo teledirigido, pero prestad atención:
No lo traigáis a mi casa, sino a la de Juan Hernández que vive dos calles detrás de la mía.

Es mi compañero del cole, pero por alguna razón no os escribe bien las cartas y le traéis lo que no pide.

El año pasado pidió este coche y unos zapatos usados, fue lo que recibió. Como yo si sé enviaros las cartas correctamente, me he atrevido a escribiros en su nombre.

Muchas gracias.

P.D. Dejaré la leche y las galletas donde siempre.
Muchos besos de Carolina, la de la calle 48>>.

Reanudaron la marcha pensativos, Melchor, Gaspar y Baltasar, porque Carolina preocupada por su amigo Juan, olvidó pedir algo para ella.

Los Reyes Magos reanudaron su camino, pero no dejaban de pensar en Carolina, porque había olvidado pedir su regalo.

—¿Qué podemos hacer? —preguntó Melchor.

—Umm… es una buena niña —respondió Baltasar.

—¿Y si le regalamos un don? —dijo Gaspar saltando de su camello.

—¡Qué buena idea! ¿Pero cuál? Hay infinitos dones que le podemos dar —dijo Baltasar.

—¡Ya lo tengo! —Melchor se tocaba la barba sonriente—, le daremos el don de escribir cuentos que lleguen al corazón.

Y los tres Reyes Magos crearon el don, lo metieron en un pequeño cofre mágico, y a casa de Carolina, la de la calle 48, lo llevaron con ilusión.

Cuando Carolina despertó, vio que junto a su Belén un diminuto cofre brillaba y al mirarlo, descubrió también una tarjeta con dibujos mágicos. Cuando la tuvo en sus manos, una voz habló:

—Querida Carolina dijo la voz—, soy el Rey Melchor, estoy aquí con Baltasar y Gaspar —los otros Reyes Magos dijeron «hola» también—. En este cofre te hemos guardado un don: el de escribir cuentos que lleguen al corazón. Es un don muy especial, cuídalo mucho y lee y escribe cada día para perfeccionarlo. Un abrazo muy grande de parte de tus amigos, los tres Reyes Magos: Melchor, Gaspar y Baltasar.

Y desde entonces Carolina leyó mucho y escribió más y más, convirtiéndose en la escritora más querida por niños y adultos.