Publicado en A partir de 6 años, Cuento

Un enorme regalo (Microcuento Jazzz)

Felipe es un niño

que además de ser hermoso,

es muy afortunado,

hasta su balcón ha llegado

un enorme regalo,

de elegantes alas azules

y su pecho de un bello anaranjado.

Es tanto su asombro

que un delicioso manjar

le ha preparado,

y en agradecimiento la bella ave

a su oído le ha susurrado…

“Niño de gran corazón,

tu gesto será recompensado,

en el jardín del Edén

ha florecido un jazmín blanco

que cuando percibas su aroma

te hará sentir el ser más amado,

tu alma tocará y por siempre

vivirás ilusionado”.

Publicado en A partir de 6 años, Cuento

CASCABEL SASTRE

El Señor Cascabel se escondió bajo una hoja porque Don Gato iba tras él. No podía escapar porque su tintineo constante le delataba y, el pobre, temía ser atrapado.

Don Gato, aburrido, volvió a su casa y allí se quedó el Señor Cascabel asustado, y luego, dormido.

Al día siguiente, alguien despistado de un puntapié disparó al Señor Cascabel hasta un árbol.

Tintineo por aquí, tintineo por allá y al ojo tuerto del sastre vino a parar.

—Señor, lamento mucho haberle hecho daño, yo también me he abollado.

—¿Tú eres el Señor Cascabel?

—A sus pies .—El Señor Cascabel hizo una reverencia sobre la mano del sastre, que la tenía muy pegadita al ojo que le quedaba sano.

—¿Puedo pedirte ayuda?—Le preguntó el sastre.

—¿De qué se trata?

—Como ves, perdí un ojo y el otro que me queda, con la edad, va perdiendo visión. Soy sastre y ya no veo bien por donde doy las puntadas. Con tu tintineo podrías ayudarme a hacer mi trabajo. Te pagaré bien.

—Estaría encantado si me quitas de encima a Don Gato, que siempre me tiene al acecho. Le gusta mucho mi sonido y vaya por donde vaya siempre me persigue.

—¡¡¡Eso está hecho!!! — El sastre se puso muy contento pues la ayuda del nuevo compañero le vendría de perlas.

El sastre se entrevistó con Don Gato para que dejara en paz a su amigo y a cambio le regalaría un ovillo rodeado de pelotitas sonoras y una capa realizada en el mejor paño. Don Gato aceptó encantado, pues mucho más le gustaban las nuevas pelotitas sonoras, que un cascabel viejo y deslucido.

El Señor Cascabel guiaba al sastre en su oficio: si debía seguir un pespunte se dejaba rodar por la tela con un tintineo constante; si se trataba de hilvanar, pequeños saltos daba donde la aguja debía subir y bajar. Además aprendió a zurcir y a hacer ojales.

A partir de ahora todos en el pueblo los conocían como Cascabel Sastre.

Autora: María José Vicente Rodríguez