Publicado en A partir de 10 años

El pintalabios de Pedro. Capítulo 10

Pedro cenó rápidamente y corrió a su habitación para conectarse y comprobó cómo todos se sorprendieron al verlo en aquella reunión urgente.

—Chicos, muchas gracias. ¡Sois los mejores! No esperaba unas barras de pintura para disfraces tan buenas. —Pedro no disimulaba su alegría, estaba feliz.

—Ha sido idea de Marta —dijo Andrés, poniendo ojitos cariñosos al decir el nombre de su amiga.

Las risas sonaron muy fuertes y Marta se volvió a poner colorada como un tomate.

—Bueno, centrémonos. Hay algo que me preocupa —dijo Marta para cambiar pronto de tema, y contó al grupo todos los detalles de la furgoneta aparcada. Hizo hincapié en la frase del padre de Pedro: «es una sorpresa».

—Uff, no sé vosotros, pero yo odio esa frase dicha por un adulto —se lamentó Andrés.

—Lo sé, lo mismo pensé yo —respondió Marta.

—Pero Pedro, tú habrás oído algo, ¿no? —intervino Andrés con tono de sospecha.

Pedro, tardaba en contestar, como pensando una excusa. Definitivamente sabía algo, pensaron todos.

El comportamiento de Pedro era sospechoso. Todos pensaban que seguramente sabía algo.

—¿Qué dices mamá? ¡Voy! —Pedro contestó a una supuesta, oportuna y sospechosa llamada de su madre—. Ups, tengo que irme…

—¿¡Eh!? ¿Dónde crees que vas? —gritó Andrés, pero ya era tarde. Pedro se había desconectado.

—Este sabe algo —afirmó Ana—. Pero os digo que yo también, porque ayer, mi madre hablaba por teléfono con tu madre, Marta.

—Oh, noooo. Me lo temía. Es que no os he contado que mi madre ayer me dijo que habló con la madre de Pedro. Se están confirmando mis sospechas —lamentó Marta.

—¿Qué sospechas? —quiso saber Simón.

—Que mi madre, junto con los demás padres, nos ha preparado UNA SORPRESA. Creo que esto da miedito.

Cuando terminaron de hablar, el grupo permaneció callado un momento.

—Ahora que lo dices, mi madre ha estado todo el día fuera y ha llegado cargada de bolsas —dijo Simón.

—Y mi padre ha metido en la despensa yo que sé cuantas bolsas de chuches, patatas fritas, gusanitos… —recordó de pronto Andrés.

—Chicos y chicas, esto apesta a fiesta sorpresa. ¡Es increíble la que se ha liado por un pintalabios! —dijo Ana.

—Pues conmigo que no cuenten, la última vez nos hicieron bailar y odio bailar —protestó de nuevo Andrés. Fue fácil imaginarlo de nuevo con los puños cerrados.

—Lo peor es que suena a encerrona y encima Pedro parece estar al tanto de que algo se cuece —dijo Marta.

—Ya, pero seguro que a él tampoco le han dicho todo. Intenta invitarlo de nuevo a la conversación. Tiene que saber lo que acabamos de descubrir y decidir si nos cuenta lo que sabe o no —propuso Jaime.

Pedro apareció de nuevo en pantalla y escuchó perplejo cada detalle.

—Me temo entonces que mañana efectivamente tenemos fiesta. Veréis lo que yo sé es que la madre de Marta habló con la mía y que mañana iréis todos al cumpleaños de mi prima, como agradecimiento por ayudarme por el malentendido del pintalabios —explicó Pedro.

—Entonces misterio resuelto —dijo Ana

—No tanto —aclaró Pedro— porque lo que yo sé es que veníais al cumpleaños, pero es que mi disfraz ha desaparecido y sospecho que lo tiene mi madre. Le he preguntado por él y me ha respondido «estará en tu armario ». No tiene sentido esa respuesta y que ni se preocupe, cuando lo que le acabo de decir es que MAMÁ, MI DISFRAZ NO ESTÁ EN MI ARMARIO.

—UMMM —Simón entrecerró los ojos— Por favor, que no esté tu disfraz en mi casa.

—¿Por qué iba a estar mi disfraz en tu casa? —quiso saber Pedro intrigado.

—Porque ahora que lo pienso, era una bolsa muy grande y sobresalía algo azul, que juraría que era una peluca —le aclaró Simón.

—¿NOS VAN A DISFRAZAR A TODOS DE PAYASOS Y PAYASAS? —gritó Andrés— ¡JA! ¡QUE NI LO SUEÑEN!

De nuevo se hizo silencio y a todos les recorrió un escalofrío por la espalda.

Continuará…