Publicado en A partir de 7 años, Cuento

UNA PIRATA ESTRELLA

Marianela quería ser pirata interestelar. Era una profesión un poco extraña porque los niños, cuando se les pregunta qué quieren ser de mayor, ninguno dice que pirata del espacio, pero a Marianela le gustaba ese oficio y decidió ir a hacer prácticas en el campamento de verano.

El monitor que enseñaba la digna profesión de quedarse con lo de los extraterrestres le mostró, el primer día, las reglas fundamentales de la piratería en las estrellas como, por ejemplo, saltar para el abordaje desde la nave a un ovni, esconder el botín en una pequeña estrella perdida en el universo o contarle a todo el mundo que tenía un novio alienígena en cada planeta.

Los padres de Marianela no estaban muy convencidos con la nueva afición de su hija porque no sabían si se iba a ir con malas compañías y porque siempre creyeron que a Marianela le había gustado más ser delantera de fútbol o tocar el trombón.

Pero aceptaron la decisión de su hija, y no les quedó otra que desearle que enterrase muchos cofres del tesoro en las playas de planetas inhóspitos que, al fin y al cabo, eso es lo que hace un pirata.

Sin embargo, después del primer día de prácticas, Marianela llegó muy disgustada del campamento por lo que se había encontrado en el espacio mientras pilotaba la aeronave pirata.

Contó que estaba todo hecho un desastre, nunca había visto tanta basura junta desde aquella vez que organizó su fiesta de cumpleaños en el jardín de su casa.

Así que había cambiado de opinión: ya no sería pirata, sino que saldría con su trombón y reuniría a sus mil mejores amigos para que la acompañasen a protestar ante las autoridades por el estado tan destartalado del espacio. Les obligarían a hablar con sus colegas alienígenas y de allí no se apartarían hasta que dejasen el universo como los chorros del oro.

Los padres de Marianela se pusieron muy contentos. Pensaron que si ella estaba tan preocupada por el medio ambiente interestelar, tal vez, ahora, conseguirían que también arreglase su habitación.

Olga Lafuente