Publicado en A partir de 8 años, Cuento

¿Qué le pasa a Dago el dragón?

La bruja Agatha y Peter, el pirata, apagaron la fogata y tomaron su equipaje, pues emprenderían un viaje. Iban al reino de las Frambuesas, para visitar a Berry la princesa.

Al encontrarse con su amiga se dieron un abrazo. Ella puso té y galletas de fresa en la mesa. Berry notó, en el rostro de sus amigos, algo que parecía tristeza.

—Amigos míos, pienso y pienso, y se me quiebra la cabeza. Quiero entender cual sentimiento es el que los apresa. —les dijo Berry

Y Peter le contestó:

—Perdónanos querida princesa. Eso que ves en nosotros, se llama preocupación. Y sentimos eso por nuestro amigo Dago, el dragón.

—Si, es verdad. Se está portando un tanto extraño. Y tenemos miedo de que se haya hecho daño. Tal vez se ha comido una planta con la que hago mis brebajes mágicos para la garganta; pues se pasa el día canta que canta —añadió la bruja Agatha.

—Yo lo he visto en solitario, recitar poemas que escribe en un diario. En las noches sonríe, y suspira tan fuerte, que en la aldea tiembla hasta el hombre más temerario. —dijo Peter.

La princesa Berry caminaba de un lado a otro escuchando a sus amigos y tratando de pensar en lo que podía pasarle al dragón Dago. ¡De pronto, una idea vino a su cabeza!

—Ahora que me lo dicen, ¡ya me ha quedado claro! Y creo saber lo que a Dago le ha pasado. Eso no es una intoxicación por haber tomado un brebaje. ¡Solo le ha picado el mosquito del amor! —Explicó Berry con sabiduría.

—Pues eso no lo habíamos pensado —dijo Peter muy sorprendido— . Ahora que lo mencionas, ni Agatha ni yo, hemos visto en el bosque, ni en los mares, ni en los cielos, o en algún otro lado, a una dragona de la que Dago pudiera estar ilusionado.

—Ya no estén preocupados. Voy a volar en mi Pegaso morado, para buscar a nuestro amigo enamorado. Ya verán que se encuentra bien. Esperen aquí, comiendo galletas y jalea. Los animalitos del reino de las frambuesas, los tendrán bien acompañados, solo cuídense del búho gris, que por las tardes es muy malhumorado.

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El corcel alado, con la brida y la silla plateada, elevó a la princesa por los cielos, la llevó hasta el otro lado, de la montaña olvidada.

Llegó la noche y tres lunas enormes brillaban. En la torre del Castillo de las Hadas, Dago las admiraba.

—Hola amigo dragón —anunció Berry cuando a su lado llegó —¿Cómo se encuentra tu alma y tu corazón?

—Hola hermosa princesa, has de saber que me encuentro de lo mejor. ¿Qué te trae por estos parajes? ¿Buscas magia de las hadas?; ¿o perfumes de las flores raras, que hay en este bosque de la Montaña Olvidada? —preguntaba, contento de tener una amiga a su lado.

—Ni los perfumes, ni la magia; eres tu quien me trae por acá. Pues Peter y Agatha, quieren saber que estas bien, y quieren también conocer, a la dragona que tiene tu pensamiento ocupado. ¿O me vas a decir, que acaso no estas enamorado?

Dago el dragón se echó a reír a carcajadas, pues se alegraba oír de sus amigos  sus ideas alocadas.

—Pues no te voy a mentir, sí, estoy enamorado. Ahora que estas a mi lado, te lo voy a decir. —Dago tomó a Berry del hombro y le señaló el cielo estrellado, a donde estaban las tres lunas para que las observara. —Son esos tres astros gigantes las que mantienen mi corazón palpitante. Y es ese bosque encantado, el que me tiene fascinado. Las voces de los gnomos se juntan en un canto, y los acompaña la flauta del fauno, y en conjunto alegran a los animales y las plantas. Una vez cada año, alumbran las tres lunas con esa luz blanca, y las luciérnagas bailan, en honor a las estrellas que faltan.   

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Vivo enamorado de esta noche, con el sonido del fuego de mi garganta, me uno a la canción que todo el bosque encantado canta. Cualquier hombre de la aldea se espanta, por eso me alegra un montón, que mi amiga Berry se una a esta celebración.

Berry y Dago, volaron rápido hasta el reino de las Frambuesas, donde a la mesa,  Peter y Agatha tomaban té y comían galletas. Los levantaron por sorpresa, y los llevaron de regreso, a donde estaba la enorme fiesta. Allá los cuatro amigos, encendieron una fogata al lado de los seres del bosque; disfrutaron de la música y la danza. Y lo mejor de todo, es que Peter y Agatha entendieron, que su amigo se podía enamorar, de las lunas y de una noche especial, que se celebraba en ese lugar.

Publicado en A partir de 7 años

Berry, la princesa del reino de las frambuesas.

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En la isla que se llama Monte Dormilón. Viven 3 amigos que son, uno pirata, una bruja y uno dragón. El primero tenía una pierna de palo, la otra un vestido enmugrentado y el ultimo no vestía pantalón.

Un día llegó al Monte Dormilón, un mensajero montado en un muflón. Traía una invitación para el pirata, la bruja y el dragón.  Esa misma tarde sería la celebración, por el cumpleaños del rey, de quien se murmura que es muy gordinflón.

El barco del pirata, las aguas surcaban, y por los cielos, los otros dos volaban. Una en su escoba y otro con sus alas se impulsaba. Iban a la fiesta del rey, a pasar una buena tardeada.

El rey Elefante, vestía un traje muy elegante. Igual que los príncipes antílopes y los caballerosos caballos. Había osos con sus pelajes hermosos, y papagayos con sus primorosos plumajes.

Tan bonito vestían todos, que sintieron tristeza en el corazón, el pirata, la bruja y el dragón, pues sus ropajes no eran de sastre, mas bien, era un desastre.

Al festejo arribó un carruaje demorado, donde viajaba, la princesa Berry, desde el reino de las frambuesas, vistiendo su vestido morado.

—¿Qué razón aflige el corazón, de un pirata, una bruja y un dragón? —la princesa preguntó. Y el pirata le contestó:

—Argg! Mira nuestras ropas y nuestras pieles. Están sucias y andrajosas. Y de entre todos los invitados, nos sentimos incomodados, preferimos irnos a otro lado, y despedirnos de esta fiesta maravillosa.

—No digas cosas insensatas, amigo pirata. No existe un vestido de etiqueta, pues todos los presentes, se distinguen por ser diferentes. Unos tienen colmillos y otros dientes, unos tienen plumas y otros, pelajes encima de sus pieles. El único sombrero pirata de la fiesta, tu lo tienes. Yo soy quien soy, y tu eres quien eres. Aunque, si lo prefieres, préstame tu sombrero y así seremos dos piratas y amigos fieles. Y podemos también, entre los dos, hornear pasteles.

Berry la princesa del reino de las frambuesas, organizó a toda la audiencia, para hacer pasteles y galletas. Con el sombrero del pirata en la cabeza, les sacó a los tres amigos, una enorme sonrisa.

Entre hoyas, harina y ceniza, los invitados se ensuciaron de rabo a cabeza.

Todos ayudaron a hornear los postres, y compartieron juntos, su felicidad en la mesa. Nació una fuerte amistad, entre el pirata, la bruja, el dragón y Berry, la princesa…y pastelera del reino de las frambuesas.