Publicado en A partir de 6 años, Cuento

La Caja de las Aventuras

—Sofía, te invito esta tarde a mi casa a merendar, vendrá también Clara— dijo muy entusiasmada Alba, mientras las otras amigas daban brincos de alegría por la invitación.

Cuando Sofía llegó a casa de su amiga se quedó extasiada al ver toda la colección de Nancys y Barbies que tenía Alba.

—¡Pero esto es impresionante! Parece una tienda de juguetes. ¿Podemos jugar con las Nancys? Oh, me gusta muchísimo la que va disfrazada de sirena. Tú podrías ser Lucas y cuando llegue Clara que elija otra, ¿podemos, podemos, porfa? — Sofía le ponía caritas y se acercaba a Alba lloriqueando como un perrito.

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—De eso nada, he pensado que podemos jugar a la Play y luego hacer videos de Tik Tok, yo elijo las canciones.

—Pero, ¿por qué no podemos jugar con las muñecas?

—Porque están muy chulas donde están, y jugar con ellas es un rollo.

Cuando llegó a casa Sofía, después de estar con sus amigas, estaba muy seria.

—Cariño mío, ¿qué te pasa? —Le preguntó su madre.

—Jamás me he aburrido tanto estando con mis amigas. Doce Barbies, ocho Nancys, siete LOL y hemos estado toda la tarde haciendo muecas con un móvil, bailando movimientos imposibles de hacer y comprando cosas para unos muñecos de un juego de la tablet  que se llama Toca Boca. ¡Un aburrimiento mamá, un aburrimiento!

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—Pues hija, el sábado ya sabes que viene Alba a casa, sus padres nos la dejan porque tienen una comida importante y no la pueden llevar.

—Pues yo no tengo móvil, ni Tablet, tendrá que jugar conmigo a lo que siempre juego. Ya veremos qué pasa.

Cuando Alba llegó el sábado a casa de Sofía alucinó en colores.

—¿En serio tía que no tienes ni móvil ni tablet? ¡Pues podrías haberme avisado y me hubiera traído los míos, ¿ahora qué haremos?

—Pues jugar con “La Caja de las Aventuras”. — Sofía le enseñó una caja de madera muy grande decorada con los colores del arcoíris.

—¿Y qué es eso con tanto brilli brilli? — Alba señalaba la caja haciendo gestos muy exagerados con las manos.

En el interior de “La Caja de las Aventuras” había diferentes apartados con sobres de colores enumerados hasta el doce. En un lateral había dos dados cuyas caras estaban decoradas con dibujos de purpurina.  El uno era un unicornio; el dos eran lunas sonriendo, el tres, soles con los mofletes gorditos; y así cada cara era diferente.

—¡Oh que dados más bonitos, no había visto nunca unos así! — Alba los cogió entre sus manos observándolos y de inmediato el juego la atrapó— ¿Y qué hacemos con estos sobres?

La sonrisa de Sofía, de oreja a oreja, le iluminó la cara.

—Lanza los dados sobre el tapete que está aquí—. Sofía cogió una tela que estaba doblada debajo de lo dados y la extendió sobre la mesa. Las imágenes de las caras de los dados aparecieron sobre la tela en 3D y parecían que se movían. — Venga, tira.

—Vale, me ha salido un tres y un dos, ¿qué hago ahora?

—Coge el sobre con el número cinco y lo guardas. — Le contestó Sofía lanzando ella ahora en su turno. — Yo el doce. Venga abre el sobre tú primero.

Alba sacó del sobre nº 5 tres tarjetas:

Disfraz: pirata.

Aventura: buscas un tesoro.

Final: Tienes dos opciones a elegir: Encuentras el tesoro y te haces rica; No encuentras el tesoro y te apresan porque eres una pirata muy buscada por la policía.

Sofía abrió su sobre nº 12 y sacó sus tres tarjetas:

Disfraz: astronauta.

Aventura: buscas agua y plantas en otros planetas.

Final: Tienes varias opciones:

  • Encuentras agua;
  • Encuentras plantas comestibles;
  • Inventa nuevo final.

—Y ahora ¿cuál de las dos historias elegimos? — Preguntó Alba.

—No se puede elegir, tenemos que inventarnos una historia donde se incluyan las dos. Eso es lo divertido. Empecemos por disfrazarnos, ¿qué te parece? — Sofía estaba ya dando vueltas a su cabeza para intentar unificar las dos historias y tratar de buscar un nuevo final.

A las nueve de la noche los padres de Alba llegaron de su comida para recoger a Alba. Se quedaron sorprendidos al ver a su hija disfrazada de pirata astronauta, en su poder tenía una caja que llevaba escrito TESORO, en el interior había agua y una planta. Sofía, disfrazada de astronauta había encontrado plantas y agua en su nuevo planeta y había decidido unirse a la pirata Alba y negociar al mejor postor las coordenadas del nuevo planeta.

Autora: María José Vicente Rodríguez

Publicado en A partir de 14 años

Su fantasía (Autora invitada: María Añasco)

Su fantasía iguala su conocimiento,

pies en la tierra,

ojos en el infinito,

la realidad no le impide soñar imposibles.

Sin límites de tiempo y espacio

crea vidas y mundos.

Tristeza y alegría lo inspiran,

dolor y placer lo motivan.

Solo o acompañado

observa, relaciona, elabora, concluye.

Biblioteca silenciosa o bullicioso café,

son su escritorio.

Estudia el pasado,

absorbe el presente,

invoca el futuro.

Con arte pinta las palabras

cultas, eruditas, técnicas o vulgares.

Sostiene la historia en una mano,

con la otra llama al mañana.

Sus ideales movilizan.

Sus metáforas transportan.

Su creación fluye en cascada de pensamientos,

como torrente que entrega cual ofrenda.

Sus frases invaden sentimientos contenidos.

Tiene el maravilloso don del verbo.

Y su verbo…se hace tinta…

y habita entre nosotros…

Él, es…critor.

Ella, es…critora.

Autora: María Añasco

Publicado en A partir de 6 años, Cuento

Las estrellas de Rosa

Rosa soñaba desde pequeña con las estrellas porque la luz que desprendían espantaban sus miedos. Su universo era el universo.

Quiso alcanzar las estrellas para que la oscuridad no invadiera sus pesadillas. Rosa creció y creció, pero siempre su vigilia y sus sueños debían ser iluminados por una lamparita que la hicieran sentir segura: el sol, de día; la luna y las estrellas de noche, hasta que creyó que no solo debía alcanzar las estrellas, sino que era mejor atraparlas, así la luz siempre estarían con ella.

Creyó que no solo bastaba alcanzarlas, sino que necesitaba atrapar a las estrellas

¿Cómo conseguiría atraparlas?

Inventó una linterna con la que proyectaría su haz de luz hacia la estrella que quería y en ese mismo instante la atraparía.

Cada noche salía más y más lejos con su linterna, pues las estrellas más cercanas no estaban, ya las poseía. Sus miedos fueron desapareciendo porque toda la luz del universo la almacenaba, sintiéndose acompañada.

Con su linterna ada noche atrapaba estrellas para sentirse segura

Pronto la oscuridad del cielo se hizo inmensa y Rosa se fijó una noche que la luna estaba muy triste.

—Luna, ¿por qué estás tan apagada? —Le preguntó Rosa atrapando su última estrella. —Mi luz es la misma de todas las noches, son las estrellas las que engrandecen mi brillo, pero ya no queda ni una con quien poder bailar y cantar. —Dijo la luna con la soledad grabada en su cara. —No tengo compañía para iluminar los sueños, que como tú, tienen otros niños.

Rosa se dio cuenta del error que había cometido, tenía que devolver las estrellas a su hogar. Sintió pánico, ya que sus miedos podían volver pero se armó con fuerza y valentía; cogió su linterna y se embarcó en un cohete con el que ascendería hasta más allá de la luna.

Rosa se embarcó con valentía en un cohete

Debía enfrentarse a la oscuridad.

Flotando en la negrura del cielo percibió el silencio, la tranquilidad. No había miedos, ni ruido en su mente, solo paz. Abrió su linterna dejando en libertad las estrellas que volvieron a brillar en el firmamento.

Volvió a sentir que la calma del universo era su universo.

Autora: María José Vicente Rodríguez

Publicado en A partir de 6 años, Cuento, Poesía

La pestaña perdida

Iris y Aro lloraban en el prado.

—¿Qué os ha pasado?—

La verruga Verru

preocupada preguntaba.

Que una pestaña ha volado

y no la encontramos.

—No os preocupéis, ya nacerá

otra pestaña tan pesada

como una castaña.

¡Queremos nuestra pestaña!

¡Sin ella no somos nada!

¡¡¡Dejad de llorar!!!

¡¡¡Dejad de buscar!!!

que otra pestaña nacerá

La verruga Verru algo ocultaba

mas una brisa sopló y la hizo

estornudar.

¡Atchis!

La verruga Verru también perdió su pelo, que era la pestaña perdida de Iris y Aro

Un pelo de la verruga de Verru

salió disparada,

mas resultó ser la pestaña

de Iris y Aro,

y tan rizada.

Autora: María José Vicente Rodríguez

Publicado en A partir de 14 años

RESEÑA DEL LIBRO ANTARES (María José Vicente Rodríguez)

TÍTULO: Antares

AUTOR: Francisco Díaz Valladares

AÑO DE EDICIÓN: 2012

EDITORIAL: Edelvives

Nº DE PÁGINAS: 208

EDAD RECOMENDADA: A partir de 14 años

Esta novela de narrativa juvenil obtuvo el XII Premio Alandar, en 2012. Antares es un libro de lectura ágil con una temática que te atrapa desde las primeras líneas, una aventura en alta mar donde se lucha contra el mar y las tormentas y, quién sabe, que otros peligros te encontrarás. Es una novela de escenas rápidas y con abundantes descripciones que te sumergen en la trama. Te adentrarás en el barco como un miembro más de la tripulación, sufriendo todos los peligros que ocurren.

Los personajes van evolucionando con respecto a la trama, resolviendo de forma satisfactoria los peligros que van sucediendo uno tras otro. Te encontrarás a Keka, la protagonista y a su tripulación, formada por seis hombres.

Keka, una joven de casi quince años, nieta e hija de marinos, nos introduce en la narración con la frescura de una adolescente. Nos cuenta una aventura vivida de primera mano en diecinueve capítulos. Son capítulos cortos y tiene un glosario final donde puedes consultar la terminología naviera que se utiliza en la novela.

«Las bombas de achique siguen funcionando bien y estamos logrando mantener a raya la vía de agua, pero uno de los motores ha empezado a darnos problemas».

El padre de Keka, el capitán Moíños, es el patrón de un remolcador de altura, el Antares, de la Autoridad Portuaria de Algeciras. Él debe salir con su tripulación para rescatar a un pesquero que está en apuros. Keka, decide hacer novillos del instituto para despedirse del padre y, de camino, ver al chico que le gusta, Abdú. Cuando llega al Antares no hay nadie y se cuela en el barco, quedándose dormida. Cuando despertó, había pasado unas horas y estaban en alta mar, lo que supondría un gran problema para el capitán, pues no estaba permitido que ninguna persona ajena a la tripulación estuviera en el barco.

De esta situación de partida, Keka realiza una serie de aprendizajes, que recuerdan a los aprendizajes de los héroes, como Ulises y Hércules. Muchas emociones afloran en esta travesía.

1º Aprendizaje: Toda acción tiene consecuencias

Cuando el capitán vio en su camarote a su hija, la preocupación lo invadió, pues debía responder a su trabajo y el tiempo empeoraría, con su hija allí, todo podía cambiar.

 «Me dolió verle apretar la mandíbula en aquel gesto de preocupación e impotencia. Todo por mi culpa”.

Keka siente culpabilidad, puso al padre en una encrucijada, pues si él daba la vuelta para dejarla en casa, muchas personas podían morir, por lo que consigue interiorizar que todo tiene unas consecuencias.

2º Aprendizaje: La importancia del trabajo en equipo.

Pronto empieza una tormenta y en poco tiempo se va haciendo cada vez más ruda.

«El Antares cabalgaba entre las olas (…) dirigiéndose hacia aquel brumoso y tétrico horizonte».

Keka descubre lo que es el miedo por lo que se avecina y por lo que están viviendo. Fue muy importante para ella ver cómo la tripulación se enfrenta a ello trabajando en equipo.

3º aprendizaje: Amor incondicional.

Suceden diferentes situaciones peligrosas en las que cada miembro de la tripulación es capaz de dar la vida por el otro. Aprenderá a sacar de ella la fuerza necesaria para luchar y proteger a los demás.

«La chica, el jefe de máquinas y cualquier miembro del barco deben acudir inmediatamente a la cabina de mando. Si dentro de un minuto no están aquí, empezaré a matar al resto de la tripulación. Y para que comprobéis que no hablo en broma, aquí tenéis una muestra».

4º Aprendizaje: Solidaridad.

Keka descubre la existencia de piratas que trafican con personas y conoce cómo viven los inmigrantes hacinados. Los buques Fantasmas transportan a cientos de personas inmigrantes que se juegan la vida para llegar a nuestro país.

“Mientras pasábamos, nos miraban con ojos aterrados (…) Nunca olvidaré la tristeza de aquellos rostros, la incertidumbre, la desesperanza”.

En definitiva, es una novela indispensable en tu biblioteca si eres una persona apasionada de la aventura. Es apropiada tanto para adultos como para jóvenes. Es de fácil lectura gracias al ritmo de los diálogos y la acción que se va produciendo. Es un libro que, a pesar de contar con vocabulario muy específico del mar, se entiende a la perfección. Me parece una novela muy bien escrita, con descripciones necesarias para entender bien la trama. Trata temas actuales y bien documentado.

Reseña realizada por: María José Vicente Rodríguez

Publicado en A partir de 6 años

Un desfile de modas muy especial (Escritora invitada María Añasco)

Unas amigas de cuatro patas se reunieron.

—¡Vamos a crear un desfile de moda! —decidieron.

Y se pusieron a pensar y a pensar, cómo organizarían el desfile con fines benéficos para el refugio de mascotas extraviadas.

Todos en reunión, tomaron la decisión de hacer un pase de modas para recaudar fondos

¡Qué ajetreo!

Unas tijeras por aquí, mucho hilo por allí. La máquina de coser también cosía sin fin.

Los modelos llegaron:

Un gatito bien peinado, dos perritos muy simpáticos, un loro cantante y hasta un pequeño hamster ha participado.

Lucieron distintas prendas, de colores sorprendentes y de telas estupendas.

Cuando terminó el desfile, el aplauso se escuchó desde el Caribe hasta en Chile.

Los invitados se fueron gratamente sorprendidos y en todos los rincones se habló de lo bonito que eran los trajes y los vestidos.

El desfile fue un éxito total y se consiguieron muchísimos regalos para el refugio de animales

¡Qué éxito tuvieron estas amigas de cuatro patas!

Las prendas se agotaron, ¡todas se vendieron!

Y el hogar refugio de juguetes y golosinas quedó repleto.

También para pintarlo hubo dinero y tan famoso se hizo el refugio, que en la televisión, los animales aparecieron y sus familias humanas por fin los recogieron.

Autora: María Añasco

¿Sabías que…?

Cuando decidas adoptar un animal ya formará parte de tu familia, para ello puedes acudir a los diferentes refugios de tu ciudad y hacerles una visita, seguro que allí encontrarás amigos como los de nuestra autora, María Añasco.

Mira que graciosos están sus mascotas, aquí tienes un desfile de moda particular:

Publicado en A partir de 10 años

Besos de la alegría (2º parte)

Güaina observaba tras la ventana al brujo que estaba embelesado observando las alas de la ondina Sharagor.

 El brujo estaba en su casa, embelesado y observando con detenimiento mis alas, las acariciaba sintiendo su suave tacto, eran tersas, pero tan finas como la seda; el olor de cada hada era inconfundible, el azahar y el aroma a la flor del cerezo eran mi distintivo; su color blanco y rosado con destellos plateados comenzaban a apagarse, pero aun así seguían teniendo un gran poder de seducción para el brujo. Las alas, en las manos del brujo, eran su mayor tesoro y así las trataba, como una auténtica joya. Las envolvía de nuevo en el paño húmedo y las volvía a abrir, el fulgor que desprendían, aun no estando acopladas eran pura atracción.

Sin más premura Güaina, aprovechó el momento para lanzarle un hechizo de paralización a través de una ventana que estaba abierta.

Entró a través de la ventana, recogió mis alas con delicadeza, lanzó un conjuro de pérdida de memoria al brujo y guardó mis alas junto a su cuerpo para que no perdieran calor. Con un giro del brazo por encima de su cabeza pronunció las palabras adecuadas para transportarse a nuestras aguas.

Güaina le ofreció las alas a la ondina con gran cariño

Todas mis hermanas y yo nos quedamos estupefactas cuando vimos a  Güaina entre nosotras. Abrazaba con gran amor mis alas, las separó de su cuerpo y me las ofreció como el mayor presente que me puedan regalar.

—Querida niña, ya tienes tus alas.  El brujo no recordará nada de lo ocurrido, solo me queda algo por hacer y es conseguir que vuelvan a su lugar. Necesito un lugar puro, que nunca haya sido mancillado por ningún humano.

Las alas de Sharagor estaban en perfecto estado, listas para unirse a la ondina

—En el centro del río hay un altar donde rendimos culto a la luz y al agua, pero no podrás estar allí— le dije con tristeza.

—Necesito que te poses sobre la piedra, si tus hermanas me pueden alzar, te haré el hechizo.

Así fue como mis hermanas me elevaron y posaron sobre el altar, mi cuerpo flotaba en las aguas sintiendo la pérdida de toda mi esencia. Las lágrimas afloraron de nuevo, por las sensaciones de pérdida pero también de alegría de saber que de nuevo volvería a tener mis alas.

Güaina fue transportada con la delicadeza de mis hermanas y cuando estaba sobre mí, ella me pidió que me diera la vuelta.

—Niña, debes volver tu cuerpo y cubrirlo entero con agua, pues solo su pureza logrará lo que deseamos.

Mis hermanas aletearon con fuerza para mover el agua y que me cubriera, Güaina posó sobre mi espalda las alas que danzaban sobre el agua, unas palabras sonaron a lo lejos y sentí un dolor punzante en mi espalda. La sensación de libertad se expandía por cada espacio de mi ser.

Volé hasta tierra firme, donde ahora se encontraba Güaina, y la obsequié con varias escamas de mis alas y un nuevo beso de la alegría. Las lágrimas de alegría regaron la piel, ahora joven, de la bruja.

Mis alas me llevaron a las profundidades de mi hogar y de nuevo pude respirar libertad.

Autora: María José Vicente Rodríguez

Publicado en A partir de 10 años

Besos de la alegría

—Niña, ¿por qué lloras? —La anciana me limpió las lágrimas con un pico de su chal y rehízo mi melena, ordenando cada cabello perdido entre mis lamentos.

—He perdido mis alas—dije entre hipidos.

La pequeña ondina, Sharagor, lloraba porque le habían arrebatado sus alas

—Cuéntame cómo te llamas y qué ha ocurrido, quizás te pueda ayudar—. La mujer se quitó su pañuelo y con cuidado lo posó sobre mis hombros calentando el hueco que había dejado mi pérdida. Se sentó junto a mí cogiendo mis manos entre las suyas y, acariciándolas, la calma vino en mi ayuda.

«Soy Sharagor, ondina de agua dulce y me han arrebatado lo más preciado, mis alas. No puedo vivir en el agua si no las poseo, es lo que me hace poder respirar y nadar bajo las aguas. Son toda mi esencia.

» Jugaba con mis hermanas sobre la superficie, como tantos días, con las hermosas mariposas que vienen a beber a nuestras aguas.

Las ondinas son hadas de las aguas. Viven dentro de los ríos o lagos y necesitan sus alas para poder nadar y respirar dentro del agua. Además, en la superficie sin ellas no pueden volar.

»Nos dijeron que ningún humano podía vernos ni oírnos. No entiendo qué ha podido pasar. No vimos al hombre acercarse a nosotras. Las demás pudieron escapar, pero a mí me atrapó con una red. Dijo unas palabras y me adormeció; luego me untó algo por el cuerpo y con otras palabras mis alas se desunieron. No sabía que esto podía pasar, jamás se han contado cuentos ni leyendas en nuestras aguas que contaran historias parecidas. Envolvió con delicadeza mis alas entre telas de seda que las mojó en el río, luego desapareció, sin más rastro que esas redes con las que me cazó».

            —¿Cómo era ese brujo? Descríbemelo.

            —¿Cómo sabes que era un brujo? —Le pregunté sobrecogida. —¿Quién eres?

            —Querida, ¿cómo crees que puedo verte?, ¿crees que he venido a ti solo por tu canto de amargura?

            —¿Qué quieres decir? —le pregunté sin entender.

Güaina, la bruja, intanta calmar a la pequeña hada y le explica
para que necesitan las alas los brujos

            —Tu inocencia es la belleza de la luz, querida niña. Soy Güania, y soy bruja, igual que quien se llevó tu preciado tesoro. Tenemos sensibilidad, unos hacia la luz y otros hacia la oscuridad. Tus alas son muy valiosas para un brujo, porque, sus pequeñas escamas, tienen poderes mágicos que se utilizan en la preparación de brebajes y pócimas y son muy bien pagadas entre los humanos. Con ellas, el brujo se garantiza toda una vida de lujos pero ha perdido, al arrebatarlas, el poder que nos ofrece la luz de ser sensibles a vosotras y de impregnar esas pócimas de la magia blanca necesaria para que sean eficaces. Ha arriesgado mucho. Diría, que la codicia, al sentiros, le nubló el juicio y no pensó en las consecuencias.

            La anciana Güania mantenía mis manos calientes entre las suyas, y proyectaba sobre mí gran ternura y cariño.

            —Cada semana vengo por este río. Me alegran vuestros cantos, y vuestra alegría me renueva toda la semana de esperanza y nuevas energías. Nunca dejo que me veáis para no interrumpiros. También, de vez en cuando, la prosperidad me sonríe, y encuentro alguna que otra escamita que perdéis en vuestros juegos, permitiéndome seguir sobreviviendo. Esta vez me retrasé un poco, suelo llegar antes del amanecer, si no, te aseguro que no hubiera sucedido nada de lo ocurrido. Jamás lo hubiera permitido.

            Mi desconsuelo aumentó y nada podía mitigar el dolor que sentía. Ni siquiera con el abrazo que Güania me daba para templar mi ánimo.

            Cuando mis lágrimas comenzaron a secarse, la anciana se separó de mi pecho, me agarró con suavidad la cara y me dio un beso con mayor ternura en la frente. En aquel instante sentí que otra nueva energía recorría mi cuerpo. Y me hizo sentir que había esperanzas. La mujer se levantó, me cedió su mano y abrió ante mí, la posibilidad de que mi vida pudiera cambiar.

            —¿Qué siento ahora en mi cuerpo? Tu beso ha hecho renacer algo en mi interior. —dije con fortaleza.

            —Durante años me renové de esperanzas con vuestros juegos, solo te he traspasado una pequeña parte de lo que me ofrecisteis. Niña, podemos encontrar tus alas y si no están dañadas las podemos devolver a su lugar. —Me dijo Güania rozando con suavidad mi espalda.

Ahora la risa me brotó de forma natural envuelta en nuevas ilusiones.

Antes de ponernos en marcha, la mujer buscó entre las redes restos del brujo que me atacó. Algunos vellos estaban adheridos a las cuerdas, ella los introdujo en un pequeño charco que dejaban dos piedras cercanas, espolvoreó unos polvos que extrajo de un saquito y de repente apareció la cara del ladrón.  

La anciana lo conocía y sabía dónde localizarlo.

—Necesitaremos la ayuda de tus hermanas. Soy demasiado vieja para enfrentarme a él sin vuestra energía, pero tendré que hechizarlas para evitar ser vistas por otros sensibles. Tendrán que acompañarnos para que con su tacto yo pueda cargarme de la energía que necesito para hacerle frente.

Mis hermanas salieron de sus escondites y se acercaron a la anciana repartiendo sus besos de la alegría con la anciana.

Cuenta la leyenda, que cuando un hada da un beso de la alegría, transmite tanta energía renovadora que todos los males de la persona que los recibe desaparecen al instante. La anciana rejuveneció muchos años con el regalo que le hizo cada una de mis hermanas.

—¿Qué me habéis hecho, niñas? Vuestra luz me ha transformado en una nueva mujer, la juventud circula por mi sangre ahora. —Güaina se palpaba con asombro la cara, las manos…

La bruja Güaina rejuveneció con los besos de la alegría que le dieron las hermanas de Sharagor.

—Te han dado besos de la alegría. No podemos dejar nuestro hogar o moriríamos, por ello te han regalado los besos. Para que puedas ayudarme.

—Nunca podré devolveros el don tan maravilloso que acabáis de ofrecerme.

La anciana se marchó a la búsqueda del brujo hacia la ciudad. No fue difícil encontrarlo, solo debía seguir el rastro que dejaba.

(Continuará)

Autora: María José Vicente Rodríguez

Publicado en A partir de 6 años, Poesía

El jabalí y la ardilla (Juan Carlos Burgos y Ana, escritores invitados)


Érase un bosque poblado

con árboles y animales,

unos altos, otros jóvenes

y sólo algunos frutales.


En lo profundo del bosque,

un gran jabalí habitaba,

fuerte y fiero, que comía

más que lo necesitaba.


La ardilla desde la rama

ve con preocupación

que todos los frutos come,

el jabalí abusón.


Decide bajar y le habla,

vence al miedo,

alza la voz:

«¡Para! ¡que si te lo acabas,

el hambre será más feroz!


Hoy el árbol te alimenta,

pero un día fue semilla.

¡Deja que algún fruto crezca!».

Dio su consejo la ardilla.


Y lo entendió el jabalí.

La ardilla tiene razón:

ni egoísmo ni impaciencia,

pues nunca habrá mejor ciencia

que paciencia y corazón.

Autores: Juan Carlos Burgos @JuanRuache y Ana @seriesvspelis

Publicado en A partir de 6 años

El lorito Papo (María Añasco, autora invitada)

El lorito Papo

es muy consentido.

No teme a perros

ni a los maullidos de los gatos.

Les quita los juguetes

se toma su leche,

y dejan que haga travesuras,

porque no quieren que Papo grite:

¡Es tan fuerte su canto

que cuando se enoja

una banda de rock parece!

Se pusieron de acuerdo un día,

las mascotas de la casa,

y convencieron a Papo de que como artista

compartir sus dones de cantante debía.

Ahora Papo sale a cantar al jardín

y recibe, el aplauso de los transeúntes.

Así los amigos, están muy felices.

Y su repertorio,

¡ no tiene fin!

Autora: María Añasco

Redes sociales: Twitter @Lolita74vargas

¿Te cuento unas curiosidades?

El lorito Papo es la mascota de la autora de este cuento-poesía. Aquí lo tienes en vivo y en directo con sus otros amigos.

Papo, es un loro de la especie amazona de frente azul y puede vivir hasta los 90 años. Cuando aprendió a emitir sonidos, imitaba a un rockero argentino que se llamaba Papo, de ahí su nombre.

Cuando era chiquitín lo alimentaban con jeringas de leche, luego comía choclos (maiz tierno), frutas y pan.

A los 20 años, se fue de gira a cantar por todo el país, porque marchó con una bandada de pájaros y nunca volvieron a verlo de aparecer.