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LA LADRONA DE CONTRASEÑAS. CAPÍTULO 8

CAPÍTULO 8

A las seis de la tarde, Marta y Andrés se conectaron a la reunión con la tablet en la cafetería.

—¿Estamos todos?

Andrés contó con detalle sus conversaciones con Ruth y las amenazas.

—Opino que no le demos la oportunidad, no se arrepiente y no cambia —dijo Pedro muy indignado.

—Está bien, llamaremos a Ricardo —respondió Andrés.

—Chicos, ¿cómo se os da escribir cartas de amor? —Preguntó Bea.

—No es momento para chistes, Bea —regañó Pedro, aún enfadado por la acitud de Ruth.

—No es un chiste. Es que tengo un plan. Tendremos todos una carta de amor escrita hacia uno de nosotros y la dejaremos guardada y preparada. Si Ruth cumple su promesa, entonces todos publicaremos nuestra supuesta carta de amor en el chat.

—¡Eres increíble! ¡Qué buena idea! Así su carta será una más —dijo Simón entusiasmado.

—¡Quién sabe, igual lo ponemos de moda y todo! —dijo Ana

Todos rieron, menos Pedro que aún estaba enfadado. No soportaba a los abusones como Ruth.

—Propongo invitar a Ricardo a este chat y contarle todo —dijo Simón.

A todos les pareció bien la idea.

Ricardo llamó a su padre, quien escuchó atentamente la historia desde que le robaron la cuenta a Marta. Cuando terminaron de hablar, el policía dijo:

—Conozco a los padres de Ruth, hablaré con ellos. Esta parte dejádmela a mí.

—Chicos, ¿habéis visto el chat? —Ana hablaba atropelladamente.

—Marta, ¡¡TU CARTA!! —gritó Pedro.

Andrés intervino rápidamente:

—Todos a crear sus cartas y publicarlas en el chat. Se nos ha adelantado Ruth.

En cuestión de una hora, el chat del colegio estaba invadido de cartas de amor, cada cuál más original y graciosa. Tanto que los demás compañeros empezaron a declararse también.

Ruth no se lo podía creer. ¿Qué estaba pasando? El chat no hacía más que sonar y publicar notificaciones. ¿Se habían vuelto todos locos o había una epidemia primaveral de declaraciones de amor?

Una de las cartas era para ella:

“Ruth, me gustas. Soy de tu clase y me siento en la primera mesa, al lado de la ventana”.

Sabía quien era y se quedó perpleja.

—Ruth, ven inmediatamente al salón —La voz de su madre era muy seria.

Cuando llegó, vio con angustia al padre de Ricardo. Tenía las manos en la espalda y miraba un punto en el techo.

—¿Qué nos está contando el padre de Ricardo? ¿Sabes cuál es el castigo por esas acciones? ¿Sabes que es un delito muy grave lo que has hecho?

Ruth ahora sí que estaba asustada. Pudo ver otro mensaje en el chat, antes de mirar a los ojos a sus padres:

“Marta, soy Andrés. Me ha costado decidirme, pero ahora que este chat se ha vuelto loco, quiero aprovechar para decirte que me gustas, que eres genial y que te quiero.”

<<¿Te quiero? ¿En serio? ¿A la odiosa de mi prima?>>

Sus padres estaban decepcionados y el padre de Ricardo habló:

—Pondremos todo esto en manos de la justicia, tus padres están de acuerdo, porque no has mostrado ni pizca de empatía hacia tu prima y los demás. Como es la primera vez, seguramente consigamos que realices servicios sociales después de la escuela.

—Por supuesto nada de móvil, ni redes sociales y Cleopatra será cuidada en el terrario de Ricardo —dijo el padre.

—No por favor, Cleopatra no. Haré lo que digáis, pero dejadme a Cleopatra —suplicó Ruth.

—Eso dependerá de tu comportamiento.

Continuará…

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LA LADRONA DE CONTRASEÑAS. CAPÍTULO 7

CAPÍTULO 7

—Dime —respondió Andrés con sequedad.

—Está bien. Haré lo que me pidáis.

Andrés suspiró aliviado.

—Tu prima está preocupada.

—¿Esa odiosa? No lo creo —dijo burlonamente.

—Ruth, tu prima es mi amiga. Delante mía no la nombres así. Adiós.

Cuando se cortó la comunicación, Ruth tiró el teléfono en la cama y se tumbó boca arriba pensativa. Parecía que Andrés estaba muy interesado en la tonta de su prima. Quizás le gustaría saber algunas cosas sobre ella.

El móvil sonó de nuevo, era un mensaje de Andrés:

DECÍDETE, QUEDA POCO TIEMPO. RICARDO SOLO DIO UNA SEMANA.

Volvió a llamarle:

—Oye, qué pasa, ¿que no sabes escribir en minúsculas?

—Así escribo a quien no escucha —A Andrés se le había agotado la paciencia.

Ruth hizo una pausa.

—Está bien, ¿qué tengo que hacer? Ya te dije que haría lo que me pidiérais.

—Es muy fácil, pedir perdón a todos cara a cara. Da gracias que tienes que llevar mascarilla.

Ruth no había pensado en eso.

—No me van a perdonar.

—Y hay otra cosa.

—¿Qué?

—Deberás prometer que no lo volverás a hacer. Lo tenemos todo guardado y si no cumples tu palabra se lo enviaremos a Ricardo, que estará encantado de proceder a denunciarte.

—Ummm… si eso ocurre, dile a Marta que yo contaré su historia secreta.

—¿De qué hablas? —preguntó Andrés muy enfadado.

—Si es necesario, ya te enterarás en el chat del cole.

—¿Sabes qué, Ruth? Creo que no merece la pena ayudarte. Para pedir perdón tienes que estar arrepentida y veo que no lo estás. Si te metes con Marta todos la apoyaremos. Somos sus amigos.

De nuevo se cortó la comunicación. Esta vez Ruth tiró el teléfono con todas su fuerzas al suelo y el cristal de la pantalla se resquebrajó ligeramente.

Llevaría su plan a cabo y se vengaría de Marta, esa odiosa, siempre querida por los demás. Se iba a enterar. Sabía todo sobre ella.

Mientras tanto, Andrés quedó con Marta para tomar un refresco:

—Marta, tengo algunas noticias de tu prima que no te van a gustar.

—Creo que no hay nada ya que me sorprenda de ella. No cambia.

—Amenaza con sacar tu “secreto” a relucir en el chat… Parece que estuvo muy entretenida leyendo tu correo.

Marta, se sentía triste. No esperaba aquel revés.

—Nos tienes a nosotros, no debes preocuparte.

—En realidad sí. Escribí a Rafa diciéndole que me gustaba y la carta es muy cursi.

Estaba colorada.

Andrés rió.

—Algo se nos ocurrirá, no es para tanto.

Ahora que su amiga estaba más tranquila, se le ocurrió una idea y convocó reunión:

“REUNIÓN HOY A LAS 18:00. RUTH AMENAZA A MARTA CON CONTAR SUS SECRETOS”.

Continuará…

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La ladrona de contraseñas. Capítulo 6

CAPÍTULO 6

—¿Puedes bajar?

—¿Andrés? —el portero automático se oía regular.

—El mismo Ruth. Necesito hablar contigo.

Tal y como esperaba tardó casi veinte minutos en bajar.

En realidad Ruth no sabía que ponerse: vaqueros, falda, vestido, mono… <<maldito entretiempo>> protestaba, <<No sé qué ponerme>>.

—¿Qué hacías? ¡Ya me iba!

Andrés estaba molesto, y para más irritación Ruth ni se disculpó.

—¿Qué quieres? —dijo Ruth aparentando indiferencia.

—Tenemos que hablar de las cuentas que has robado.

—¿Me estás acusando? Yo no he robado nada —Aunque aparentaba seguridad, la voz de Ruth temblabala un poco.

—¿No? Pues díselo a Ricardo que te quiere denunciar y lo hemos evitado por los pelos.

Ruth se había quedado blanca y ya no disimulaba.

—¿Y cómo se ha enterado ese?

—Porque se lo he dicho yo.

Ruth agachó la cabeza, iba a llorar de rabia. Era lamentable, justo el chico que le gustaba la delataba con el chico que odiaba.

Andrés se dio cuenta.

De pronto Ruth levantó la cabeza echando chispas:

—¿Y cómo te has enterado tú?

cute kid boy and girl fight and argue

—¿Eso importa? ¡Tú has robado cuentas! —la paciencia de Andrés se estaba agotando.

—¡Ah! Ya entiendo, ha sido la odiosa de mi prima. Pues dile que se olvide se su zoom, también se lo he robado.

—Eres tan… tan… —Andrés no encontraba la palabra. Se estaba poniendo rojo por el enfado que sentía —Da igual, Marta ya ha recuperado su cuenta y su correo.

—¡Eso es imposible!

—Compruébalo tú y cuando lo hagas, me llamas. Tienes una semana para pedir perdón a todos y prometer no hacerlo nunca más, o Ricardo irá a la policía.

—¡Cuéntame otra, anda!

Andrés apretó los puños y decidió irse dejándola con la palabra en la boca.

—¡Oye tú! ¡Que no he terminado! ¡OYEEEE!

Pero Andrés continuó dándole la espalda y se alejó.

Entonces Ruth tragó saliva y subió a su casa a toda velocidad sin esperar el ascensor.

En cuanto llegó, se dio cuenta de que Marta ya había cambiado sus contraseñas. No podía ser, comprobó las demás cuentas y también habían sido recuperadas por sus dueños.

—¡ES IMPOSIBLEEE! Mi prima no sabe donde escondo mi libreta y jamás metería su mano en el territorio de Cleopatra.

Pero sí debía haberlo hecho, pensó después. Porque todas las cuentas habían sido devueltas a sus dueños. Estaba en un serio problema.

Esa noche y la siguiente no pudo dormir.

Era menor de edad, pero el peso de la Ley caería sobre ella y su madre embarazada… Tenía que haberlo pensado mejor antes de robar aquellas cuentas.

—Cleopatra, ¿qué hago ahora? —la tarántula caminaba lentamente por su mano hacia el antebrazo.

Dejó a su mascota en el terrario con mucho cuidado, respiró profundamente y llamó a Andrés.

Continuará…

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La ladrona de contraseñas. Capítulo 5

CAPÍTULO 5

La siguiente quedada por videoconferencia fue por la tarde.

Ana, Jaime y Andrés, habían contactado a los dueños de todas las cuentas y explicado lo ocurrido. Les habían dado las nuevas contraseñas y pedido que no denunciaran, pero sí que les ayudaran a dar una lección a la ladrona de cuentas. Ahora Ruth estaba en serios problemas.

Ese proceso fue muy complicado, no todos contestaban y les creían. Afortunadamente, la mayoría eran del barrio y pudieron hablar con ellos en persona, enseñándoles las fotos de la libreta, como prueba de que decían la verdad.

—Esto es un delito grave —dijo uno de los afectados—. Mi padre es policía y no os cuento lo que podría caerle.

Ana jugaba con los cordones de sus tenis. Estaban sentados en el césped del parque. Se los ató con lazo pensativa y preocupada por lo que acababa de oír.

—Pero la situación es complicada —explicó Ana— Su madre está embarazada y ya avanzada y es prima de una amiga… Solo queremos darle una lección.

—Entiendo, pero el delito sigue siendo el mismo.

Ana se quedó sin argumentos. Ahora jugaba con un trébol.

—Hagamos una cosa —intervino Andrés—. Si la prima de mi amiga no rectifica y pide perdón a todos, se lo diremos a sus padres y tú al tuyo. Vamos a darle una oportunidad.

—Ummm… está bien. Os doy una semana.

—¡¡Es muy poco tiempo!! —protestó Ana.

Aunque sintieron alivio porque habían conseguido tiempo, organizar todo en una semana, era demasiado ajustado.

—Una semana. Lo siento.

Andrés quedó muy pensativo antes de hablar:

—Hay una manera de hacerlo en ese tiempo, Ana. ¡Vamos!

Y corrieron a casa de Marta, despidiéndose del hijo del policía con la mano:

—¡En una semana te vemos! —gritaron Ana y Andrés mientras se alejaban.

Cuando bajó Marta, fueron a casa de Jaime y desde allí se conectaron a la reunión de la tarde, para planificar la “estrategia de ataque”, como lo definió Simón.

A girl communicate video conference with friends at home scene illustration

—Hola a todos, ya hemos terminado de reunirnos con todos los propietarios de las cuentas que ha robado Ruth. Pero estamos muy preocupados, Marta —dijo Ana—. Una de las víctimas es hijo de un policía y…

—¡Ohhh! Debe ser Ricardo, lo conozco —le interrumpió Marta— y es archienemigo de Ruth. Creo se odian mutuamente. ¿Va a denunciar? ¿Y cómo mi prima se ha metido con él precisamente? La creía más inteligente, la verdad.

—Eso quería explicarte. Nos ha dado una semana para conseguir que tu prima pida perdón a todos.

—Es raro que haya aceptado. Ricardo es muy cabezota.

—Yo hablaré con Ruth —dijo Andrés de pronto.

Todos sabían que a Ruth le gustaba Andrés. Era muy buena idea, si alguien podía asustarla y hacerle entrar en razón era él.

—No me entusiasma la idea, pero no quiero que sea denunciada.

Continuará…

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La ladrona de contraseñas. Capítulo 4

CAPÍTULO 4

En Zoom estaban todos nerviosos, hasta que Andrés se hizo con el control de la situación.

—Bea, termina de fotografiar la libreta para ponerla de nuevo en el terrario, y tú Marta busca un tupper en la cocina de tu tía y atrapa a la tarántula antes de que se esconda.

Marta bajó corriendo a la cocina, su tía hablaba por teléfono y no se percató de lo que hacía. En un minuto estaba de nuevo en la habitación siguiendo las instrucciones de Simón, experto en cazar insectos sin dañarlos. Le gustaba estudiarlos y verlos de cerca en algún bote transparente y luego los dejaba en libertad.

—Marta, mándame una foto de la tarántula y la busco por Lens.

Cleopatra se encontraba ahora sobre la funda de la almohada, muy tranquila e inmóvil, y pudo fotografiarla con detalle, aunque muy alerta. Tenía la impresión de que en cualquier momento daría un salto hacia ella.

Mientras, Bea ya había devuelto la libreta a su sitio. Hizo un gran esfuerzo por disimular el asco que sentía. No le hacía ninguna gracia meter la mano en el terrario, y se preguntaba si habría alguna sorpresa mas allí dentro.

Illustration of the two girls watching the spider

El grupo reía de la situación y hacía chistes. De vez en cuando alguna voz se oía más que las demás:

—Ánimo Bea, seguro que puso huevos y salen arañitas.

—Venga Bea, que tú puedes…

Y las risas no cesaban. Bea, ante cualquier comentario retrocedía haciendo muecas y exagerando la cara de asco.

Las risas todos risas aumentaban.

Ana intervino:

—Chicos, esto es divertidísimo, pero no podemos olvidarnos de nuestra misión. Venga Marta, ¡ánimo!

—Marta, buenas noticias —interrumpió Simón—. Esta tarántula es muy tranquila, podrías incluso acercar tu mano para que se suba en ella y devolverla al terrario sin estresarla.

—Ni pensarlo —respondió Marta—. ¡No veas si impone de cerca! ¡Es enormeeee! Además, ¡¡¡la que está estresada soy YOOOO!!!

Todos rieron. Su voz aguda y su expresión era aún más exagerada que la de Bea.

Con paciencia acercó el tupperware a Cleopatra hasta que la tarántula caminó lentamente hacia él. Después, bajo la atenta mirada de todos, volcó bruscamente el recipiente y dejó caer a la tarántula en el terrario, que cerró inmediatamente, dejando escapar un suspiro de alivio.

Quedaba ya poco tiempo, así que se despidieron del grupo, desconectaron ordenador y cámara. Justo a tiempo, porque en ese momento la tía de Marta entraba en la habitación.

—¿Todo bien? Estaba hablando por teléfono, pero oí gritos.

—¡Ah! —Marta pensaba rápido, no sabía qué decir.

—La culpa ha sido mía —dijo rápidamente Bea—. Tengo fobia a las arañas, hasta la más pequeña y al conocer a Cleopatra… Bueno… creo que tendré pesadillas hoy… —Bea movía las manos al hablar con mucha teatralidad y la madre de Ruth no pudo evitar reírse.

—Si te digo la verdad, te comprendo. No sé cómo mi hija puede tener una mascota así. Yo ya se lo he dicho a ella y a su padre, otro fan de Cleopatra, que como se les escape nos vamos de casa todos.

Rieron las tres.

<<Si mi tía supiera>>, se dijo Marta divertida, mientras colocaba su mochila en el hombro y se preparaba para despedirse.

Continuará…

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La ladrona de contraseñas. Capítulo 3

CAPÍTULO 3

El viernes siguiente Bea llegó puntual a casa de Marta para hacer un trabajo de ciencias y llevar a cabo el plan que habían trazado entre todos y cuyo cerebro principal había sido Ana, con las puntualizaciones de Jaime, siempre pendiente de los detalles.

—Voy a hablar ahora con mi madre, antes de que se vaya a caminar, ve preparando las cosas para salir en cuanto me de permiso.

Bea asintió y comenzó a meter en la mochila la cámara, los ordenadores y los cargadores.

—Mamá voy a casa de la tía, mi ordenador está dando problemas y Bea no se ha traído el suyo. Le voy a pedir a Ruth que me deje un rato el suyo para enviar las tarea —la voz de Marta sonaba preocupada y su madre asintió comprensiva.

—Pero veniros para las dos, que la comida estará lista.

La casa de la tía de Marta se encontraba a solo dos manzanas y en pocos minutos estaban en la habitación de Ruth, que había ido a clases de tenis, tenían dos horas y media. Más que suficiente.

Conectaron el ordenador de Bea con la webcam y comenzaron sesión de video conferencia con el grupo para que vieran en directo la recuperación de la contraseña de Marta.

Buscaron por todas partes pero ni rastro de la libreta.

—Seguramente la lleve consigo —dijo Bea pensativa.

—Umm, o no… —Marta miraba al terrario de su prima—. Justo en un lateral había un bulto sospechoso, color ocre.

—Eso, eso, eso es… es… una… taránt… —Bea estaba entre horrorizada y alucinada.

—Sí, es Cleopatra, la tarántula de Ruth. No es venenosa, pero impone… ¿verdad? —explicó Marta—. El lugar perfecto para esconder…

Nature scene with tarantula spider on rock illustration

—No puede ser verdad —suspiró Bea resignada ante la evidencia.

Desde el grupo de amigos se escuchaba también la voz de Simón diciendo que ojalá estuviera él allí.

—Me encantan los terrarios —dijo.

Marta metió la mano sin pensarlo en terrario bajo la atenta mirada de todos.

—¡Puaj! ¡Qué asco, Marta! —exclamó Bea.

Pero Marta ya tenía la pequeña libreta en sus manos.

—¡Rápido, fotografía cada página y lo devolvemos a su sitio antes de que Cleopatra salga de su escondite!

—Ma… Ma… Marta —A Bea no le salía la voz—. Dime que esa que camina por tu hombro no es Cleoatra.

Un grito salió de lo más profundo de Marta.

—¡Quítamela! —y en una de las sacudidas, la tarántula saltó a la cama de Ruth.

Continuará…

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La ladrona de contraseñas. Capítulo 2

CAPÍTULO 2

Pedro estaba con sus padres en la playa, estaba siendo una primavera calurosa y estaba deseando meterse en el mar para poder quitarse la mascarilla y respitar aire puro.

—¡Pedro espera!, ¿Te has puesto crema protectora? Mira que luego te achicharras.

Odiaba ponerse ese potingue hasta en la cara porque luego le escocían los ojos.

—Después del baño mamá.

—De eso ni hablar, te la pones ahora y esperas un rato antes de bañarte. Mira tu móvil ha sonado —y le acercó el móvil.

Pedro vio rápidamente que era un mensaje de Andrés. Algo debía ocurrir porque era extraño que le contactara por mensaje cuando en la tarde habían quedado por Zoom.

Cuando leyó el mensaje, miró la hora. Tendría que salir ya si quería llegar a timpo a la reunión.

—Mamá, tengo que ir a casa, por lo visto hay cambios en un trabajo del cole y los compañeros se van a reunir en Minecraft.

—Vaya modas. No sé cómo os reunís y os entendéis por ahí.

—Me voy que no llego.

—Pues llévate tu mochila con la toalla y tus gafas de buceo que yo no puedo con todo.

Algo fastidiado, porque no se había dado el ansiado baño, pero aliviado de no embadurnarse de crema protectora que lo dejaba más blanco que la pared y pringoso, salió corriendo mientras su madre le gritaba:

—¡Y come fruta cuando llegues, que son vitaminas y estás creciendo! ¡Y dile a tu padre que comemos a las tres!

—¡Sí mamá!

El ordenador tardó algo en arrancar, tenía que actualizarlo con su tío, ampliarle la memoria y cambiarle el disco duro por uno más rápido.

—Hola, soy Pedro. Mi código es P13.

Varias voces devolvieron el saludo a la vez.

Student video chat online screen on laptop on white background illustration

—De verdad que tenías que haberte puesto el código de P2 —bromeó Andrés como siempre, en esta ocasión compartía pantalla con Marta.

Todos rieron.

—¡Ja! Estás gracioso esta mañana.

Se escucharon más risas.

—Bien, ¿estamos todos? —era la voz de Ana

—Parece que sí —respondió otra voz de chico. Era Jaime, el cerebrito del grupo.

—A ver, paso lista: Andrés, Ana, Pedro, Jaime, Bea, Marta, Tina, Katy, Juanjo, Simón… —Ana siguió diciendo nombres hasta que terminó el listado.

—Es una suerte que hayáis podido estar todos en casa hoy sábado —Comenzó diciendo Andrés.

—A mí me ha venido genial, hoy íbamos a casa de mi tía y soy el único joven —dijo Juanjo, convencido de que todos se compadecieron aunque fuera un poco.

—Bien, como os pusimos en el mensaje, la clave de uno de nosotros ha sido descubierta. Os lo explica todo Marta —dijo Andrés.

—¡Uf qué mal rato me llevé! —la aguda y chillona voz de Marta hizo que más de uno bajara el volumen de sus cascos—. Me quedé a dormir en casa de mis tíos maternos porque mis padres iban a una boda a no sé donde y no me querían dejar sola en casa un fin de semana entero. Algunos conocéis a mi prima Ruth y lo cotilla que es.

—Sí —dijo Bea—, yo la he conocido y os aseguro que es así. Me dejé el móvil en la mesa para ir al baño y cuando volví la pillé intentando descifrar el patrón de desbloqueo de mi móvil.

—Exactamente, así es mi prima. Bueno pues resulta que en la penúltima reunión de zoom que tuvimos, la tuve que hacer en la habitación de mi prima y como comprenderéis estoy casi segura de que me vio meter la clave, porque no se despegaba de la mesa.

Se escucharon algunos murmullos de indignación.

—No me preocupé porque me dije, que total, es muy difícil cotillear en Zoom porque todos sabríais que no era yo si la véis a ella por la videocámara. Pero resulta que en la última vídeoconferencia no pude entrar y salía <<CONTRASEÑA ERRÓNEA>>, pero es que a mi correo tampoco puedo entrar.

—Es verdad, nos extrañó a todos no verte —dijo Leo, con un acento argentino. Era el más nuevo del grupo y tenía predilección por Marta,

—No puedo creerme que haya alguien tan ruin —saltó Simón—. Algo debemos hacer para recuperar tu cuenta.

—Sé que tiene una libreta donde apunta todas las direcciones, contraseñas y claves que va robando. No sé porqué lo hace, además que es delito y si alguno llamara a la policía le caería una buena. Pero mi tía está embarazada de siete meses y no quiero darle un disgusto. Sería mejor darle una lección a mi prima Ruth y que no vuelva a robar ninguna cuenta más, porque además lo hace por fastidiar y diversión. Por eso hoy estoy con Andrés en su ordenador.

—¡Sí! Merece un escarmiento —aplaudió Ana—. Y yo tengo un plan.

Todos callaron esperando las indicaciones de Ana.

—Marta y Bea, necesitáis una excusa para volver a casa de tu prima y os explico qué haremos, escuchad con atención.

Continuará…

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La ladrona de contraseñas. Capítulo 1

CAPÍTULO 1

—Tenemos poco tiempo —dijo Andrés.

—¿Por qué? ¿Qué ocurre? —preguntó Ana, y se puso bien las gafas, empujándolas con el dedo índice.

—Ahora no te lo puedo explicar bien, viene la profe. Espérame en el recreo en nuestro punto de encuentro.

—De acuerdo —dijo Ana, mientras sacaba el cuaderno con los deberes hechos y el libro de lengua.

En cuanto terminaron las clases Ana corrió hacia el recreo y Andrés fue a comprar algunas chuches y gusanitos para los dos.

Student at school playground illustration

El punto de encuentro era el banco cerca de la valla, casi nadie jugaba por allí debido a que los pinares estaban infectados de procesionarias, unas orugas muy fastidiosas y peligrosas, sobre todo para los alérgicos, bueno y para los no alérgicos, y además para los animales que se las comían podía ser mortal. Ellos lo sabían, pero en las reuniones de alto secreto no tenían más remedio que quedar allí, lejos de los oídos indiscretos. De todas formas, el banco estaba justo debajo del voladizo de un tejado, y el pino más cercano quedaba a varios metros y en realidad no era para tanto.

Ana esperaba intrigada e impaciente.

—¡Hombre, por fin llegas!

—Toma, tus gusanitos. ¡Qué de cola había hoy y eso que he salido de clase de los primeros!

Ana ya había abierto la bolsa de gusanitos y al contrario que Andrés que se los comía de uno en uno, ella prefería hacerlo a pequeños puñados.

—Bueno, ¿y por qué tenemos poco tiempo? —preguntó sin dejar de comer y con la boca llena.

—Mi padre ha conseguido trabajo en la ciudad y habla de mudarnos para no tener que estar una hora de coche todos los días. Mi hermano y yo nos quedaremos en casa de mi abuela hasta que termine el curso, pero ya no podremos reunir a la pandilla en mi casa como antes y mucho menos en casa de mi abuela.

—Entonces tenemos que reunir a la pandilla con urgencia por Zoom.

—Hay otra cosa.

—Dime —dijo Ana intrigada.

—Ha habido una fuga de información y la prima de Marta se ha enterado de su contraseña de Zoom. Tendremos que reunirnos en persona para que nos explique como ha ocurrido y ayudarla a recuperarla.

—Umm, eso de reunirnos puede ser complicado ahora con las restricciones del Covid 19 y puede ser peligroso —. Ambos quedaron en silencio y muy pensativos.

—¡¡Ya lo tengo!! —gritó Ana, y a Andrés casi se le cae la bolsa de gusanitos del susto. Aún la tenía casi llena, mientras que su amiga hacía tiempo que se los había comido.

—Mañana es sábado, podemos dejar mensajes a todos con el móvil:

“EMERGENCIA. UNA CLAVE DESCUBIERTA. REUNIÓN URGENTE EN MINECRAFT A LAS 11,30 h. DEL SÁBADO. ALTO SECRETO.

Andrés dejó la bolsa de gusanitos en el banco, aplaudió, se levantó de un salto e hizo una reverencia.

—¡Eres una genia!

—¡Pues claro!

Sonó el timbre y corrieron juntos hacia la clase.

Continuará…