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Publicado en Revista Cometas de papel

Número 3

La música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo.

PLATÓN

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¡Vuela con nosotros en esta aventura literaria!

Encontrarás en ella: poesías, cuentos, libros recomendados, sagas literarias, manualidades, pasatiempos, experimento, marcapágina…

Publicado en A partir de 10 años, Cuento

Ni un escarabajo pelotero (Los viajes de Lotay) 2° Parte y final.

Continuación de https://revistacometasdepapel.com/2022/09/17/ni-un-escarabajo-pelotero-los-viajes-de-lotay-1-parte/

—Y lo mismo pasa con las mariposas —continuó el maestro jardinero —. Ellas hacen la misma función.

—En eso sí tienen la culpa los de la ciudad —protestó uno de los padres —, con toda su contaminación están destruyendo nuestros campos.

Los demás padres y madres le dieron la razón y se pusieron a discutir entre ellos por el daño que les estaban haciendo los de fuera.

—¡Alto ahí! —cortó el maestro agricultor—. Vamos a empezar por nosotros y seguro que encontraremos la razón.

—Sí —continuó el maestro explorador—. Vamos a aclarar ya esta situación y a aprender qué estamos haciendo mal.

—¡Imposible! —se quejó otro de los padres—. Nosotros llevamos una vida sana respetando el medio ambiente. Amamos la naturaleza, y los niños también.

—Siempre hay algo que mejorar. Nadie es perfecto —Quiso apaciguar el maestro explorador—. Que desaparezcan los insectos no solo es culpa de la contaminación de otras ciudades…

—Es cierto —interrumpió el maestro agricultor —. También puede pasar que nos hayamos dedicado más a plantas que no son del gusto de las abejas. —Miró al maestro jardinero—. ¿Qué flores estás cuidando?

—Ah. Mis flores —el jardinero sonreía al pensar en ellas—. Llevo un par de años creando un inmenso jardín de las flores más hermosas: dalias, tulipanes, geranios y rosas, magníficas rosas majestuosas de muchos colores, y todas rodeadas por un enorme seto de un verde espléndido.

—¿Y sabes qué pasa con esas flores? —le preguntó el maestro agricultor entrecerrando los ojos como si estuviera en medio de una investigación.

Todos los demás, niños y adultos, rodeaban a los maestros como si estuvieran presenciando el descubrimiento del autor de un terrible crimen.

—¿Qué les va a pasar? —Se defendió el maestro jardinero—. Que son hermosas y la envidia de cualquiera que quisiera tener un jardín como el mío.

—También son las que menos gustan a los insectos —contestó el maestro explorador—. Parece mentira que no lo sepas.

También puede pasar que nos hayamos dedicado más a plantas que no son del gusto de las abejas.

Eso dolió mucho al maestro jardinero.

—Mi trabajo es tener flores y plantas sanas y si además son preciosas, no veo el problema.

—Pues sí que lo hay —atajó el maestro agricultor — cuantos más pétalos tienen las flores, más difícil es para las abejas conseguir néctar para sus colmenas y si ese jardín está rodeado por un inmenso bosque, los insectos se irán a otros lugares.

—Puedes tener un precioso jardín, pero sin olvidarte de nuestras flores de siempre, las silvestres. Son las que siempre han gustado a los insectos que buscan néctar —dijo el explorador al jardinero al verlo tan desilusionado.

—Esta es la razón por la que no debemos culpar a los de afuera de nuestros problemas —Se volvió el maestro explorador a todos los que estaban allí—. La culpa puede ser nuestra. El río arrastraba restos porque echamos a los castores de su hogar, los hongos que acababan con la podredumbre estaban casi extinguidos porque son lo que más nos gusta comer…

—Y, ahora las plantas del huerto dejarán de producir sus frutos porque las abejas que llevan y traen el polen de unas plantas a otras se están yendo, y todo porque he descuidado las flores que a ellas les gustan —continuó el maestro jardinero cabizbajo.

—Así es —siguió el explorador—. Yo también tengo mucha culpa. He descubierto que en mis viajes dejo mucha basura tirada en la montaña sin darme cuenta. Como veremos ahora cuando regresemos a nuestro campamento antes de volver a casa.

—Y nosotros empeñados en ir a quejarnos a los de la ciudad… — dijo la madre de Lotay.

—Pero nos hemos dado cuenta a tiempo para rectificar, ¿verdad? —preguntó otro de los padres—. ¿Ahora podremos curar la morera?

—Bueno…eso es algo que tenemos que aclarar los tres —respondió el maestro agricultor mirando al explorador y al jardinero—. Lo de la morera fue una excusa que utilizamos para hacer este viaje y aprender de nuestros errores.

—Lo que le pasa a nuestra morera —continuó el maestro jardinero— es que tiene muchos años y, poco a poco, nos irá dejando.

—Pero ¿no podemos hacer nada para evitarlo? —suplicó Lotay.

Todos los niños y algunos padres también se mostraron preocupados. No querían perder al imponente árbol que estaba con ellos desde hacía generaciones.

—Sí, Lotay —respondió el maestro explorador dirigiéndose a todos—. Sí podemos hacer algo, cuidarla como la abuelita que es y mantenerla en el entorno sano y hermoso en el que siempre ha estado hasta que nos deje. Estoy seguro de que con vuestros juegos y compañía será muy feliz. ¡Venga! —animó para quitar hierro a ese triste asunto. Se puso la mochila a la espalda y se dispuso a andar—. Volvamos a casa. Dentro de nada, tendremos una nueva excursión.

Olga Lafuente.

Publicado en A partir de 10 años, Cuento

El secreto mejor guardado

Miguelín, como lo llamaban en casa, tenía un secreto guardado: ¡le encantaba bailar! Podía estar horas y horas haciendo videos de bailes. Cada uno era diferente al otro e iba aumentando la dificultad, luego los guardaba a buen recaudo en su ordenador, bien encriptados para que nadie pudiera verlo. Entrenaba a diario en su habitación pasos de diferentes tipos de bailes:  funky, hip- hop, incluso probó el jumpstyle.

Después de entrenar se preparaba un baile hasta que pensaba que ya quedaba perfecto o estaba muy cansado; luego se grababa en video y lo guardaba sin verlo. Nunca se había visto bailando porque era tremendamente tímido y por eso nadie conocía su secreto, ni siquiera sus padres.

Pero pronto se dio cuenta que su habitación se le quedaba muy pequeña y necesitaba un espacio más grande donde poder entrenar. No le dejarían que se alejara mucho de su casa porque solo tenía diez años, así que después de pensarlo mucho debía tomar una decisión. Le contaría su secreto a su abuela, ella lo entendería, había sido bailarina profesional.

—Abuela, tengo que decirte una cosa muy importante para mí. No lo sabe nadie y necesito tu ayuda. — Miguelín estaba muy nervioso y no sabía cómo contarle a la abuela su secreto. — ¿Por las tardes podría venir a tu casa a entrenar?

—¿Y qué vas a entrenar y dónde? —El sudor empezó a correr por la frente de Miguelín, las manos ya le resbalaban, un nudo se le hizo en el estómago cuando la mujer sintió mucha curiosidad.

—Había pensado en tu sótano que es muy grande.

—Uy hijo, claro que sí puedes venir, pero el sótano está preparado como sala de baile. Debes tener cuidado con los espejos y con el suelo si vas a utilizar pelotas u otras cosas. Porque, ¿qué vas a entrenar?

—Esto, yo, yo, …—Miguelín no sabía cómo actuar.

—¡Hijo, arranca! ¡Dímelo ya! Debo saber qué harás abajo todos los días, tu madre me pedirá explicaciones y como comprenderás tendré que dárselas.

—Abuela, llevo bailando algunos años y mi habitación se ha quedado pequeña. Ni mis padres, ni nadie sabe que bailo.

—Ja, ja, ja eso te lo crees tú. Cariño mío, tus padres claro que lo saben y yo también. Demasiado tiempo has tardado en venir a mi casa. ¿Cómo crees que llega hasta a ti la música de hip hop y funky y el resto de música callejera que encuentras de forma casual en tu casa?

—¿Cómo que todos sabéis que bailo? ¿Cómo? —MIguelín no daba crédito a lo que escuchaba.

Por la cabeza le pasó que los padres habían roto la seguridad de su portátil o….

—Miguelín, hijo, no le des más vueltas a las cosas. El que te guste el baile es maravilloso y además lo haces de maravilla, te lo digo yo que entiendo de esto. Mi pasión por la danza contemporánea parece que hizo mella en ti cuando eras pequeño, pero dejaste de practicarlo por miedos e inseguridades, por tu timidez.

—Pero ¿cómo sabéis que bailo?

—Porque tu habitación da justo al patio delantero y te vemos por los grandes ventanales que tienes, hijo.—El niño se golpeó la cabeza con la mano, el asombro se dibujaba en su cara.

Es cierto que Miguelín encontraba cds o pen drives por diferentes lugares de la casa y los cogía para escucharlos. Luego investigaba qué tipo de música era y los bailes a los que se asociaban y luego practicaba con sus airpods con la música a toda pastilla. Cuando bailaba se abstraía tanto en su mundo que no veía nada más, ni a sus padres, ni a su abuela que lo observaba desde fuera.

—Hijo mío, aquí podrás practicar con la música que desees sin necesidad de estropear tu audición, ya no necesitarás esos auriculares tan raros que usas. Serás libre de bailar lo que desees. ¡Ah, por cierto! Invita a tu vecina Sofía, porque está deseando que le enseñes esos pasos de bounce o rocking del hip hop.

—Pero abuela, ¿cómo sabes esos pasos?¿Cómo sabe Sofía que…?

—Querido niño, sin que te dieras cuenta he ido guiando tus pasos.

Autora: María José Vicente Rodríguez

Publicado en A partir de 10 años, Cuento

Ni un escarabajo pelotero (Los viajes de Lotay) 1° Parte

Continuación de https://revistacometasdepapel.com/2022/05/26/el-rio-esta-hecho-un-desastre-los-viajes-de-lotay/

El grupo de chicos y chicas junto con los padres y maestros se levantaron muy pronto para la excursión montaña abajo y seguir investigando qué daños se habían producido en el medio ambiente.

Era el último día de excursión y volverían a la aldea por la tarde, de manera que todos se iban a tener que aplicar en encontrar qué era lo que provocaba la enfermedad de su morera centenaria.

Bajaron junto al río a paso lento fijándose en cualquier detalle que les diera alguna pista, y Reyna aprovechó para hacer lo que más le gustaba, buscar insectos. Pidió a Lalo que la acompañara porque él era el más pequeño y no pondría ninguna pega, y se fueron a un prado cercano donde Reyna estaba segura que encontraría toda clase de mariposas.

Lotay, Santi y Karam dijeron que su investigación se iba a centrar en comprobar los peces que había en el río, pero la realidad es que lo que buscaban era chapotear y revolcarse en el agua.

Cada cual hizo lo que más le gustaba: se bañaron, corrieron, los padres pasearon e, incluso, el padre de Karam se tumbó al sol.

Reyna y Lalo volvieron del prado con una noticia.

—¡Atención todos! —A Reyna le gustaba mucho que la escucharan cuando ella hablaba—. Lalo y yo hemos estado en el prado para buscar insectos, que ya sabéis que entiendo algo de eso porque me estoy preparando para entomóloga… —A Reyna también le gustaba mucho hablar de sí misma—, y ¿sabéis qué ha pasado? —Miró a su alrededor para asegurarse de que todos la escuchaban. Lalo puso los ojos en blanco.

—¡No hemos encontrado nada! —exclamó la niña cruzando los brazos ante su cara y abriéndolos de golpe.

—¡Buah! Ya estamos otra vez —refunfuñó el maestro explorador.

—Pero…na-da na-da —decía Reyna cruzando y descruzando los brazos ante la cara cada vez que pronunciaba la palabra nada.

Reyna aprovechó para hacer lo que más le gustaba, buscar insectos.

—Es verdad —dijo Lalo muy serio — . Yo he buscado escarabajos peloteros para tener uno como mascota, pero no he encontrado ninguno.

—Estoy harta de decirte que no metas porquerías en casa —le regañó su madre.

—Bueno… —interrumpió el maestro explorador dando dos palmadas —. Vamos a ver qué pasa porque esta noche quiero dormir en mi cama.

E inmediatamente, subió la cuesta que llevaba al prado sin bichos seguido por todos los demás que resoplaban casi sin aliento. Allí, el maestro explorador junto con el jardinero comprobaron que Reyna y Lalo decían la verdad.

El maestro agricultor se había apartado a otro lugar y volvió diciendo que con las abejas de sus colmenas había pasado algo parecido y casi habían desaparecido.

—No es nada bueno, no señor —repetía el maestro agricultor negando cabizbajo—. Si desaparecen mis abejas, mis plantas no tendrán frutos y perderemos todas las flores.

(Continuará)

Olga Lafuente.

Publicado en A partir de 11 años

¡Padre no puede enterarse!, Mamen Ruiz

Capítulo 1. La Ninfa de Cristal

Las ninfas Náyades esperaban su turno en la sala contigua a donde se celebraban las audiencias. Después de arduas deliberaciones e infinidad de puertas cerradas, solo  quedaba ese último cartucho antes de desencadenar una disputa, o lo que sería aún peor: la guerra. Nunca se había dado el caso con anterioridad, eran un pueblo pacífico, acomodado en la otra cara del río Naydés.

―La Ninfa de Cristal pondrá orden, Dulaida. ¡No debes preocuparte!  ―le dijo Aretusa, mientras sostenía su mano para tranquilizarla.

―¿De verdad lo crees?  ―preguntó inquieta.

El servicio le ofreció un té y una porción de tarta de manzana a cada una. Aretusa, cuando olió el pastel de manzana, dio un respingo hacia atrás en su asiento. Había infinidad de tartas y ¿tenía que ser aquella? Aquel olor la transportó a un sueño recurrente de los últimos días: ella aceptando una manzana de una bruja en el río. Confiada, la tomaba de su propia mano, aspiraba su aroma dulzón y le daba un mordisco. Siempre despertaba en esa parte de su pesadilla, justo antes de sumergirse en un sueño profundo y eterno. No recordaba ninguno que no se hubiese cumplido, pero no digería aquel final.

Pasaron a la sala de conferencias; la Ninfa de Cristal miraba hacia los grandes ventanales, distante y con severidad. Desde allí, como en una pantalla de cine, se proyectaba la profundidad del valle con cada uno de sus recovecos. Ningún ser vivo, grande o pequeño, escapaba a su mirada; eso le ganó otro sobrenombre: la Señora que nunca duerme. 

Contemplaba en silencio y solo en raras ocasiones había intervenido o impuesto su autoridad de forma implacable, casi sin pestañear. Su mayor sueño era librarse de aquel trono y disfrutar como cualquier otra ninfa de la belleza del río y de aquel bosque lleno de magia escondida en cada tronco de árbol, debajo de cada piedra, en el susurro de las aguas de las cascadas; quedaba siempre pospuesto con una nueva problemática en el valle. No estaba bien marcharse en medio del caos.

Nida hizo un suave gesto con la mano y todos los presentes se retiraron. Esperó la reverencia, parte del protocolo, para descender las escaleras del trono y fundirse en un abrazo. Las lágrimas inundaron los rostros de las tres hermanas.   

            Nida, la Ninfa de Cristal, conocía bien todos los detalles de la nueva consulta de sus hermanas, los había vivido de primera mano, pero percibió en el brillo de los ojos verdes de Aretusa la necesidad de hablar de ellos. Aquellos ojos cristalinos apaciguaban su ánimo. En ellos se reflejaban el carácter y la fortaleza de su hermana. Una ninfa especial, cuya esencia contradictoria formaba su verdadera identidad. Por un lado, llevaba a buen término las más duras de las pruebas atentadas contra la naturaleza sin mostrar emociones; y por otro, lloraba amargamente ante el cuerpo abandonado de un pajarillo en una red cuando estaba a solas.

            Siempre tuvo claro quién dirigiría el valle. Es cierto que Dulaida era la ninfa con mayor fortaleza física; pero no le gustaba hablar en público y dudaba constantemente ante las cosas insignificantes de la vida: peinado, ropas, comida… De ahí provenía su sobrenombre, combinando las palabras «la duda». No le gustaba dar órdenes; sin embargo, ejecutaba sin despeinarse las indicaciones de Aretusa o Nida, y por muy complicadas que fuesen siempre hallaba un modo de llevarlas a buen término.

            ―Sentimos importunarte con nuestras cosas, Nida, pero ya sabrás qué está pasando en el río ―comenzó Aretusa―. El río Naydés ha sufrido toda suerte de desgracias en los dos últimos años. Una de las fábricas tuvo un escape de vertido tóxico que acabó contaminando el agua, alteró completamente el ecosistema. Algunas especies llegaron al límite de la extinción; muchos ejemplares morían por el agua o por falta de alimento. Fue muy duro para nosotras. Algunas ninfas siguen con pesadillas.

            »Moviste los hilos ―continuó Aretusa― y Medio Ambiente, Protección Civil y un equipo bien organizado de voluntarios prestaron su ayuda. Retiramos los cuerpos, pero las plagas de insectos y alimañas no solo aparecieron, sino que además transmitieron infecciones a casi todos los ejemplares sanos. Los animales supervivientes emigraron en busca de sustento y de condiciones más favorables.

            ―¡Un daño irreparable! Tomaron acciones legales contra la fábrica, no reunía las medidas de seguridad ―Nida remarcó las palabras «acciones legales».

            ―Lo sé, Nida, te agradecemos tu ayuda; lo sabes, ¿verdad?

            ―Sí ―dijo casi en un susurro la Ninfa de Cristal.

            ―Hace unos cuatro meses, cuando el ecosistema comenzaba a recuperar su equilibrio y las aves habían retornado de su ciclo migratorio al valle, la caza furtiva experimentó un crecimiento considerable. Los hay para quienes solo es un juego de tiro al blanco: ¡ni siquiera recogen sus presas! ¡Las recuentan para alardear en una partida de dardos, o sacan unas fotos para el Facebook! ―Aretusa notó cómo una lágrima se deslizaba por su mejilla. Solo mostraba sus emociones delante de ellas―. No tengo nada en contra de la caza, pero no así…

            ―¡Por supuesto! ―indicó resignada Nida―. Conseguimos el cartel de coto privado para este caso.

            ―Un mes y medio después… ―continuó Aretusa―. ¿Qué me dices de los domingueros?, ¿y los mochileros? Con sus toallas, caravanas y tiendas de campaña masificaron las orillas del río. Otro verdadero desastre medioambiental. Contemplábamos una hilera de residuos a lo largo del curso del río. Muchas de las hogueras y barbacoas carecían de licencia y se realizaban en zonas no habilitadas para ellas, provocando pequeños y medianos incendios.

            Nida hizo un gesto instintivo, tocó su cabello. Ya no lucía su largo pelo rubio ondulado, que atesoraba como el más bello sus dones.

            ―Algunas personas daban alimentos en mal estado a los animales salvajes y enfermaban ―remarcó la Ninfa de Cristal.

            ―¡Siento lo de tu pelo, Nida! ―exclamó volviendo al presente y a la realidad de su hermana mayor.

            ―¡Es un mal menor! El pelo crece de nuevo.

            ―Salvaste a muchos animales; sin ti, hubiesen sido presa de las llamas. Lo sabes, ¿verdad? ―señaló Aretusa acariciando el hombro de su hermana.

            ―Sí, cielo. No me he acostumbrado todavía. Eso es todo. ―Apretó con sus manos las que fueron las más delicadas entre todas las ninfas―. Tú tampoco escapaste del todo bien. ¿Se curarán?

            ―Sí. ¡Es un mal menor! ―repitió las palabras de su hermana en tono de complicidad mientras guiñaba un ojo.

            ―Algunos animales tenían tanto miedo de beber en las aguas por si los apresaban o maltrataban que casi murieron de sed ―siguió Aretusa―. ¿Recuerdas? Preparamos algunos bebederos en lugares estratégicos fuera de la vista de los humanos.

            ―Sí. Los fuimos rotando para que las personas no siguieran el rastro de los animales.  ―Es cierto. Lo recuerdo como si fuera ayer; esta vez obtuvimos el cartel de reserva natural y prohibieron el paso a los excursionistas y domingueros. Y ahora… ―Tomó aliento―. No hay permiso, ni licencia que solvente este nuevo problema.

TALLER DE LECTURA

1.1. TALLER DE LECTURA

1. Resumen del capítulo.

2. Opinión personal. Podemos centrarnos, entre otros, en la trama, personajes principales, final del cuento… Señalando alguno o varios de estos aspectos, fundamentaremos si nos ha gustado o no.

3. Contesta a las siguientes preguntas:

a. ¿Qué le ofreció el servicio a las Ninfas mientras esperaban en la sala de espera?

b. ¿Cuál es el sobrenombre de Nida? ¿Y de Aretusa?

c. A una de las Ninfas la llaman Dulaida, ¿por qué?

d. ¿Quién dirigía el Valle?

4. Busca en el diccionario y copia en tu cuaderno: contigua o contiguo, ardua o arduo, deliberaciones, implacable y reverencia.

5. Explica el significado de la siguiente “frase hecha” que aparece en el capítulo.

-Solo  quedaba ese último cartucho antes de desencadenar una disputa.

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Este libro incluye cuadernillo de actividades para realizar dentro del Plan lector de tu colegio.

Publicado en Artículo para docentes

Artículo para docentes: Vínculos sanos en el aula, Delia Serrano

Muchas veces nos encontramos con situaciones que se escapan a nuestra comprensión.

¿Cómo de golpe y por arte de magia un niño o una niña que estaba aparentemente tranquilo o tranquila, se levanta de un salto y se pone a llorar o dice un no rotundo?

No es habitual que pasen estas cosas, pero en ocasiones nos encontramos con esto. O por ejemplo, está totalmente tranquilo y se pone a llorar desconsoladamente y mira a su alrededor cómo si algo o si alguien le hubiera hecho o dicho algo, cuando nadie se ha acercado.

Hay más ejemplos que podría poner, pero ocuparía más de la mitad del artículo para ello.

¿Por qué pasan estás cosas?

Muy sencillo, hay vínculos y lazos que no se ven al ojo humano, pero si se sienten y con muchas claridad en la sensibilidad de un niño o una niña con altas capacidades y alta sensibilidad.

¿Cómo saber si es así?

¿Si lo que le está sucediendo se debe a este motivo?

 A qué tiene alta sensibilidad y alta capacidad sensorial que se escapan a nuestra ppercepción

Parece difícil el poder identificar estas cualidades en nuestros alumnos y realmente no es tan complicado, siempre y cuando nosotros como profesores, seamos canales libres de cargas.

¿Qué quiero decir con esto?

Es tal cuál lo estás leyendo, si vas a dar clases con el rastro de una discusión emocional, esa marca que está en tu interior, hará que el alumno o alumna que tiene estas cualidades sensoriales, ese día esté más inquieto, no preste tanta atención a tus palabras, esté más despistado… o por los contrario esté más atento que de costumbre contigo, te de más cariño, se ocupe más de ti…

 Se pueden dar las dos casos. Voy a centrarme en este:

…esa marca que está en tu interior, hará que el alumno o alumna que tiene estas cualidades sensoriales, ese día esté más inquieto, no preste tanta atención a tus palabras, esté más despistado…

¿Por qué?

Sencillamente, porque tu mensaje no es claro y transparente; porque en tu comunicación hay interferencias sensoriales para él o ella. Y esas interferencias le molestan e incluso le pueden hacer daño en su interior y cuánto más insistes en que te haga caso, más se desvincula y deja de hacerlo y es entonces cuando tú emoción interior se suma a las exterior y podría llegar a explotar…

¡Ojo cuidado!

Es aquí cuando tú tienes que parar, le estás haciendo daño, de verdad, en su interior.

Si te está escuchando…,

Te escucha mucho más que tú, a ti mismo o a ti misma.

¡Está escuchando tú enfado interior, tú inconformidad y tú malestar desde que has llegado hoy!

Lo escucha y lo siente en su interior como si fuera suyo y no sabe porqué…

Por qué lo tienes

Por qué se siente así

Por qué te enfadas cuando eres tú quién está así, aunque no lo exteriorices…

Por qué le obligas a escucharte si le estás haciendo daño…

Son muchas las preguntas que se tienen que responder, a ellos mismos y todo mientras le estás exteriorizando (expresando, hablando, comunicando…) unas palabras acompañadas del disgusto y mal estar de tú conflicto personal, que sólo este alumno o alumna siente, ve y recibe… mientras que los demás lo miran fijamente con mil mensajes más sensoriales que le están enviando y ninguno de apoyo.

¿Cómo te crees que se debe sentir…? Lo está recibiendo todo dentro y no le permites expresarlo, ni explicarlo, ni decir nada… Sólo puede, callar, mirarte y además a los ojos, tragar y aceptar Todo ese mal estar generado que no es suyo.

 ¿Cómo te sentirías tú en su mismo lugar desde la perspectiva adulta si fuera en un trabajo nuevo?

Estos son algunos de los vínculos ocultos que no se ven y reciben todos los días muchos niños y niñas con altas capacidades sensoriales y con altas sensibilidad a los que se les etiqueta de muchas maneras…

 Déficit de atención

Falta de interés

Se entretiene con una mosca…

Sin realmente comprender su sensibilidad y situación real.

Antes de decir todo este tipo de afirmaciones, se debería analizar si algún miembro del aula, ya no sólo los profesores, si no, también los compañeros… han venido con alguna carga emocional “oculta”, porque este tipo de acontecimientos afecta realmente en su sensibilidad.

Esté es un tipo de vínculo energético que no se puede ver al ojo humano, pero que una persona altamente sensible siendo un canal transparente, consciente y sano, si podría interpretar y ver.

Hay muchos más vínculos y enlaces energéticos que se crean dentro del aula en edad escolar, podríamos seguir hablando de los enlaces energéticos de apego, o de los enlaces que se cargan familiares y que se recrea con las compañeros o juegos simbólicos… (estos últimos se podrían hacer servir para trabajar situación agresivas o de inconformidad dentro del aula o entorno escolar) pero esto ya será en otra o ocasión.

Gracias por leerme

Todo esto se puede trabajar y educar. Mi nombre es Delia Serrano y me dedico a ello.

Puedes seguir a la autora y su trabajo en su instagram: @la_magia_de_la_vida_

Desde Cometas de papel recomendamos Crispín, el puerco espín, se siente feliz.

Crispín, el puerco Espín, se siente feliz; Delia Serrano
Publicado en A partir de 6 años, Cuento

La Caja de las Aventuras

—Sofía, te invito esta tarde a mi casa a merendar, vendrá también Clara— dijo muy entusiasmada Alba, mientras las otras amigas daban brincos de alegría por la invitación.

Cuando Sofía llegó a casa de su amiga se quedó extasiada al ver toda la colección de Nancys y Barbies que tenía Alba.

—¡Pero esto es impresionante! Parece una tienda de juguetes. ¿Podemos jugar con las Nancys? Oh, me gusta muchísimo la que va disfrazada de sirena. Tú podrías ser Lucas y cuando llegue Clara que elija otra, ¿podemos, podemos, porfa? — Sofía le ponía caritas y se acercaba a Alba lloriqueando como un perrito.

Imagen de Alexas_Fotos en Pixabay 

—De eso nada, he pensado que podemos jugar a la Play y luego hacer videos de Tik Tok, yo elijo las canciones.

—Pero, ¿por qué no podemos jugar con las muñecas?

—Porque están muy chulas donde están, y jugar con ellas es un rollo.

Cuando llegó a casa Sofía, después de estar con sus amigas, estaba muy seria.

—Cariño mío, ¿qué te pasa? —Le preguntó su madre.

—Jamás me he aburrido tanto estando con mis amigas. Doce Barbies, ocho Nancys, siete LOL y hemos estado toda la tarde haciendo muecas con un móvil, bailando movimientos imposibles de hacer y comprando cosas para unos muñecos de un juego de la tablet  que se llama Toca Boca. ¡Un aburrimiento mamá, un aburrimiento!

Imagen de Kon Zografos en Pixabay 

—Pues hija, el sábado ya sabes que viene Alba a casa, sus padres nos la dejan porque tienen una comida importante y no la pueden llevar.

—Pues yo no tengo móvil, ni Tablet, tendrá que jugar conmigo a lo que siempre juego. Ya veremos qué pasa.

Cuando Alba llegó el sábado a casa de Sofía alucinó en colores.

—¿En serio tía que no tienes ni móvil ni tablet? ¡Pues podrías haberme avisado y me hubiera traído los míos, ¿ahora qué haremos?

—Pues jugar con “La Caja de las Aventuras”. — Sofía le enseñó una caja de madera muy grande decorada con los colores del arcoíris.

—¿Y qué es eso con tanto brilli brilli? — Alba señalaba la caja haciendo gestos muy exagerados con las manos.

En el interior de “La Caja de las Aventuras” había diferentes apartados con sobres de colores enumerados hasta el doce. En un lateral había dos dados cuyas caras estaban decoradas con dibujos de purpurina.  El uno era un unicornio; el dos eran lunas sonriendo, el tres, soles con los mofletes gorditos; y así cada cara era diferente.

—¡Oh que dados más bonitos, no había visto nunca unos así! — Alba los cogió entre sus manos observándolos y de inmediato el juego la atrapó— ¿Y qué hacemos con estos sobres?

La sonrisa de Sofía, de oreja a oreja, le iluminó la cara.

—Lanza los dados sobre el tapete que está aquí—. Sofía cogió una tela que estaba doblada debajo de lo dados y la extendió sobre la mesa. Las imágenes de las caras de los dados aparecieron sobre la tela en 3D y parecían que se movían. — Venga, tira.

—Vale, me ha salido un tres y un dos, ¿qué hago ahora?

—Coge el sobre con el número cinco y lo guardas. — Le contestó Sofía lanzando ella ahora en su turno. — Yo el doce. Venga abre el sobre tú primero.

Alba sacó del sobre nº 5 tres tarjetas:

Disfraz: pirata.

Aventura: buscas un tesoro.

Final: Tienes dos opciones a elegir: Encuentras el tesoro y te haces rica; No encuentras el tesoro y te apresan porque eres una pirata muy buscada por la policía.

Sofía abrió su sobre nº 12 y sacó sus tres tarjetas:

Disfraz: astronauta.

Aventura: buscas agua y plantas en otros planetas.

Final: Tienes varias opciones:

  • Encuentras agua;
  • Encuentras plantas comestibles;
  • Inventa nuevo final.

—Y ahora ¿cuál de las dos historias elegimos? — Preguntó Alba.

—No se puede elegir, tenemos que inventarnos una historia donde se incluyan las dos. Eso es lo divertido. Empecemos por disfrazarnos, ¿qué te parece? — Sofía estaba ya dando vueltas a su cabeza para intentar unificar las dos historias y tratar de buscar un nuevo final.

A las nueve de la noche los padres de Alba llegaron de su comida para recoger a Alba. Se quedaron sorprendidos al ver a su hija disfrazada de pirata astronauta, en su poder tenía una caja que llevaba escrito TESORO, en el interior había agua y una planta. Sofía, disfrazada de astronauta había encontrado plantas y agua en su nuevo planeta y había decidido unirse a la pirata Alba y negociar al mejor postor las coordenadas del nuevo planeta.

Autora: María José Vicente Rodríguez

Publicado en A partir de 10 años, Cuento

La suerte de la fea… (Por Ale Ledezma Lara)

Cartoon Illustration of Cute Little Girl in Fairy Costume for Fancy Ball

─Una chapita por aquí, una chapita por acá, un color rojo en los labios y ¡lista! ya puedo subir a mi escoba y surcar el cielo en busca de mi alma gemela, decía Bellota, una brujita muy despistada que hacía muchos siglos atrás estaba sola y buscaba en pantanos, cementerios, funerales y hasta en fiestas a aquél ser, brujo, fantasma o vampiro que pudiera disfrutar de las ricas pócimas que Bellota preparaba cada día a la hora de comer…

A decir verdad, nuestra brujita no era muy bonita que digamos, su cabello nunca se acomodaba de una forma en particular, por más que ella lo peinaba, le ponía agua, limón, baba de rana, todo lo que encontraba, pero su pelo, siempre se veía crispado y desarreglado. Su rostro estaba enmarcado por dos pequeños ojos que nunca miraban para el mismo lugar, uno se alejaba del otro de tal manera que parecía que veía en dos direcciones opuestas al mismo tiempo. Su larga nariz aguileña terminaba con un gran lunar negro por el que se asomaban tres enormes pelos que crecían sin cesar a pesar de las depilaciones laser que Bellota soportaba regularmente.

Sus coquetos labios en forma de rayita guardaban unos enormes dientes que sobresalían cuando ella hablaba o sonreía ¡y qué decir de su cuerpo! era muy pequeño e irregular, pues sus brazos y sus piernas siempre parecían más grandes de lo que debían ser… sin embargo, la actitud de Bellota era positiva cada día, se vestía con sus mejores garras y se maquillaba, limpiaba y enceraba su escoba y recorría el cielo  por entre las nubes en busca de su media naranja.

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Del otro lado del pueblo vivía Wendolyn, una bruja sumamente bonita, pero muy muy floja e irresponsable, a ella no le hacía falta el maquillaje, era bella desde que sus padres la recibieron de manos de Winston, el brujo jefe a cargo de todas las actividades de hechiceros y hechiceras de la región. Wendy, como todos la llamaban, había crecido llena de halagos y atenciones, así que no se esforzaba en nada, todo lo que necesitaba o deseaba lo conseguía con miradas y sonrisas, pero había algo que anhelaba y no había conseguido: el amor. Más de tres galanes la habían pretendido, un ogro, un elfo y un hombre lobo, pero todos se cansaron de cumplir los caprichos de Wendy y realizar las labores que a ella le correspondían como bruja, ellos debían hacer pócimas o encantamientos, ¡incluso tejer con hilos de arañas! esas no eran labores para ellos. Cazar, combatir y defender su región de posibles invasores eran labores masculinas exactamente diseñadas para ellos…   

El caso de Bellota era diferente, sus padres la rechazaron desde que llegó a sus vidas, así que decidieron dejarla en lo profundo del bosque… y ahí en medio de la oscuridad y el frío pudo sobrevivir gracias a una familia de cuervos que le enseñaron el valor de la unidad y la ayuda mutua… aprendió a trabajar y compartir con todos…esa rutina lejos de desanimarla la llevó a ser una bruja dadivosa y agradecida; compartía lo que tenía y no hacía distinción alguna, lo mismo obsequiaba su ración de cena a un lobo que su desayuno a un búho. Las numerosas historias de su buen corazón traspasaron las fronteras de su aldea y llegaron a oídos de un solterón muy codiciado llamado Lucas, él era un centauro muy afortunado en el poder y en el dinero, pero muy desdichado en el amor.

Al oír sobre la noble Bellota, decidió emprender el viaje y conocer a la brujita. Preparó todo lo necesario no sólo para la travesía, sino para organizar una fastuosa boda si Bellota le correspondía para ser su esposa; por increíble que parezca, Lucas se había enamorado de Bellota por la bondad y la belleza de su corazón, poco le importaba lo hermosa o fea que fuera en el exterior… Lucas había aprendido que lo más valioso de los seres y de las personas siempre está en el alma.

Wendy se quedó solterona y caprichosa para siempre, su belleza externa se marchitó y quedó en el olvido de todos, Bellota aceptó la propuesta de Lucas y reinaron sus aldeas con justicia y bondad, no cabe duda, la suerte de la fea… la bonita la desea.

Publicado en A partir de 11 años, Cuento

El río está hecho un desastre (Los viajes de Lotay)

Continuación de https://revistacometasdepapel.com/2022/04/29/quien-se-ha-comido-las-setas-los-viajes-de-lotay/

La tarde que el grupo de Lotay descubrió que habían desaparecido las setas, Santa y su hermana pequeña, Indra, volvieron de dar un paseo con otra terrible noticia: el río que nacía en la cumbre de la montaña de su país y que se dirigía al mar, donde estaba la ciudad de las carreteras y altos edificios, iba lleno de forraje, restos de hierbas y ramas secas.

—No me gusta beber agua del río —dijo Indra con cara de disgusto.

—Está lleno de basura —explicó Santa.

—¿Cómo es posible? —se preguntó muy sorprendido el maestro agricultor— Yo planto muchas cosas en los alrededores del río porque su agua es cristalina, mis hortalizas crecen sanas y riquísimas gracias a él.

Fueron a ver lo que decían las niñas y comprobaron que, por la corriente del agua, bajaban plantas secas, frutas y verduras que se habían echado a perder, ramas, hierbas muertas… Eso iba a ser un problema muy grave porque el río era la única fuente de agua para ellos y, si seguía ensuciándose, todos caerían enfermos.

—¡Como la morera del pueblo! Por eso están enfermando nuestras plantas, porque el agua está contaminada —exclamaba muy enfadado el maestro jardinero—. Esto es culpa de los habitantes de la ciudad de abajo. Nos han traído la contaminación del humo de sus coches.

—En realidad… —replicó la madre de Lotay en un tono muy bajo—, no quiero llevar la contraria, pero la corriente del agua baja, no sube. Eso significa que la suciedad la estamos enviando nosotros a la ciudad.

El maestro jardinero, que echaba la culpa de todo lo malo a los habitantes de abajo, no podía creer lo que estaba oyendo.

por la corriente del agua, bajaban plantas secas, frutas y verduras que se habían echado a perder, ramas, hierbas muertas…

—Nosotros llevamos una vida saludable y respetuosa con la naturaleza. No hemos hecho nada para dañarla. Seguro que los de la ciudad nos han traído algo.

—Vamos a ver de dónde viene toda esta suciedad —propuso el maestro explorador muy decidido.

Todos siguieron al explorador subiendo la montaña por la ribera del río observando los restos que llevaba la corriente.

—Gran parte de este forraje es tuya, ¿verdad? —preguntó el explorador al maestro agricultor.

—Hum… Sí…, pero no entiendo… —respondió el maestro un poco avergonzado—. Llevo muchos años cuidando de mis huertos y nunca ha pasado esto.

—Subamos un poco más —dispuso el explorador.

Todo el grupo de niños y padres iba detrás en silencio, como si un secreto muy importante estuviera a punto de desvelarse hasta que llegaron a un pequeño lago hecho en el cauce del río.

El lugar estaba cubierto de basura que flotaba girando en el agua esperando a que la corriente la arrastrara río abajo.

—De aquí sale todo —dijo el maestro jardinero satisfecho—. Son los restos que dejaron los castores que estaban aquí.

—Y ahora, ¿dónde están los castores? —preguntó el explorador.

—Me los llevé de aquí hace un par de meses —respondió el jardinero.

—¿Qué te los llevaste? ¿A dónde? —preguntó el agricultor indignado— Esa familia de castores llevaba años aquí. Este era su hogar.

—No les ha pasado nada —se defendió el jardinero—. Solo los he trasladado cerca de la desembocadura.

—¡Eso ya está en la ciudad! ¿Qué van a hacer allí? —exclamó el agricultor.

—Pues por lo pronto, no harán ningún daño —contestó el jardinero—. Mira cómo lo tenían todo. Destrozaron mi jardín de cerezos y almendros para hacer una presa con los troncos.

—Pues por lo pronto, no harán ningún daño —contestó el jardinero—. Mira cómo lo tenían todo. Destrozaron mi jardín de cerezos y almendros para hacer una presa con los troncos.

—¿Tu jardín de cerezos y almendros? —se extrañó uno de los padres.

—Sí —Se dirigió el maestro a todos—. Estaba construyendo un jardín precioso con árboles de todos los colores junto al río y estos bichos los talaron con sus dientes para construir una presa.

—Pues claro que sí. Esa es su función —respondió el agricultor—. Gracias a las construcciones que hacen con los troncos, los desechos quedan retenidos, el río circula limpio y las tierras de alrededor son más fértiles. Ahora tendremos que ser nosotros los encargados de limpiar esto hasta que vuelvan los castores.

—¿Que vuelvan los castores…?

—Sí —atajó el explorador—. Te traerás de vuelta a la familia de castores, si es que no los han metido ya en un zoológico. ¡A ver si vamos poniendo un poco de orden en todo lo que tenemos aquí montado!

Ahora tendremos que ser nosotros los encargados de limpiar esto hasta que vuelvan los castores.

—Entonces… —se dispuso a preguntar Lotay levantando con timidez el brazo—, ¿Ya está resuelto todo? ¿Solo hay que traer a los castores para que se cure la morera?

—¡No! —respondió el maestro explorador mientras volvía enfadado al campamento—. Mañana bajaremos la montaña a ver qué otros destrozos hemos hecho.

Lotay miró a Santi con cara de preocupación y ambos cruzaron los dedos para que al día siguiente el maestro explorador no descubriera nada nuevo que lo pusiera de peor humor.

Continuará…

Olga Lafuente.

Publicado en A partir de 9 años

Estrellas en el cielo

Todos me dicen que soy demasiado pequeño para hacer determinadas cosas, pero yo creo que cuanto más pequeño eres tus sueños son más fuertes. Es así, aunque algunos adultos no lo crean. Los pequeños somos quienes llenamos el firmamento de estrellas. Cada una de esas estrellas que se ilumina en el cielo, es un nuevo sueño que nace y cuando se cumple se apaga para dejar espacio para que nazcan otros nuevos.

            ¿Qué pasa? ¿No me crees? Pues te daré pruebas. Por la noche fíjate en la estrella que más brille, esa es la tuya, la de tu sueño. Puede ser cualquier cosa. Ir de excursión con tu clase, un nuevo videojuego o que te compren una mascota.

            Cada noche busca tu estrella hasta que se cumpla tu sueño. Verás que cuando se haya cumplido ya no la verás.

            Por supuesto, esto de los sueños y las estrellas está sujeto a unas normas estrictas:

  1. No se puede desear cosas que nunca se van a cumplir, del tipo volar como Superman.
  2. Es mejor crear sueños en los que tú seas parte de ellos. Por ejemplo, si quiero ganar un concurso de dibujo, tengo que esforzarme mucho.

Ayer mismo, pensé mi último sueño. Miré al cielo y busqué mi estrella. ¡Ni te imaginas cuánto brillaba! Quería inventarme una historia asombrosa que llevara a las personas a pensar y a creer que ojalá fuera cierta. Que les hiciera sonreír. Y claro, por eso escribí lo de las estrellas y los sueños. Pero es solo una historia más; ¿verdad?

Sea o no cierta, ¿cuál es tu sueño? Me gustaría saberlo, ¿sabes? Así podría ponerle nombre a cada estrella. En plan, esta es la de Sara, que quiere ser astronauta.

Publicado en A partir de 10 años, Poesía

Me pierdo en la ternura de tu mirada (Poema Jazzz)

Me pierdo en la ternura de tu mirada,

mi alma se alegra al contemplar tu sonrisa,

la ligera caricia de tus manitas me acompaña,

escuchar tu voz es la dulce melodía

de la mar en calma.

Me pierdo en la ternura de tu mirada,

no hay tormenta que en tus bracitos

no encuentre la calma,

ni cansancio que valga cuando con un beso

me despiertas al llegar el alba.