Publicado en A partir de 9 años

Estrellas en el cielo

Todos me dicen que soy demasiado pequeño para hacer determinadas cosas, pero yo creo que cuanto más pequeño eres tus sueños son más fuertes. Es así, aunque algunos adultos no lo crean. Los pequeños somos quienes llenamos el firmamento de estrellas. Cada una de esas estrellas que se ilumina en el cielo, es un nuevo sueño que nace y cuando se cumple se apaga para dejar espacio para que nazcan otros nuevos.

            ¿Qué pasa? ¿No me crees? Pues te daré pruebas. Por la noche fíjate en la estrella que más brille, esa es la tuya, la de tu sueño. Puede ser cualquier cosa. Ir de excursión con tu clase, un nuevo videojuego o que te compren una mascota.

            Cada noche busca tu estrella hasta que se cumpla tu sueño. Verás que cuando se haya cumplido ya no la verás.

            Por supuesto, esto de los sueños y las estrellas está sujeto a unas normas estrictas:

  1. No se puede desear cosas que nunca se van a cumplir, del tipo volar como Superman.
  2. Es mejor crear sueños en los que tú seas parte de ellos. Por ejemplo, si quiero ganar un concurso de dibujo, tengo que esforzarme mucho.

Ayer mismo, pensé mi último sueño. Miré al cielo y busqué mi estrella. ¡Ni te imaginas cuánto brillaba! Quería inventarme una historia asombrosa que llevara a las personas a pensar y a creer que ojalá fuera cierta. Que les hiciera sonreír. Y claro, por eso escribí lo de las estrellas y los sueños. Pero es solo una historia más; ¿verdad?

Sea o no cierta, ¿cuál es tu sueño? Me gustaría saberlo, ¿sabes? Así podría ponerle nombre a cada estrella. En plan, esta es la de Sara, que quiere ser astronauta.

Publicado en A partir de 9 años, Cuento

Aitana y el gusano de la manzana (Autora invitada: Paloma Cobollo)


En el colegio de Aitana había un huerto, un huerto que era cuidado por todos los niños porque representaba el crecimiento, al igual que las plantas, frutos y hortalizas, con dedicación y esmero, los niños crecen al estudiar.

Aquella mañana Aitana decidió quedarse junto al manzano que estaba un poco alicaído por las escasas lluvias de primavera, en lugar de ir al recreo con sus compañeros. Su amiga Clara, un poco decepcionada al no poder compartir con ella los juegos diarios le dijo.

-¡Bah!, ¡Mira que quedarte ahí con esas manzanas medio pochas antes que jugar al escondite conmigo!

Aitana dudó un momento pero en ese instante una manzana roja y un poquito arrugada cayó al suelo desde su rama y le dio tanta pena que enseguida fue a por la regadera, la llenó de agua y roció generosamente el pie del árbol deseando devolverle un poco de vigor.

Se quedó sentada al lado y tomó la manzana del suelo, al mirarla pudo observar un agujerito en la fruta por el que asomaba tímidamente un gusano pequeño pero muy vivaz de color blanco, en aquel momento Clara intentó de nuevo convencer a su amiga.

-Ultima oportunidad, ¿Te vienes o qué?, ¡Aggg!, ¡Qué asco, un gusano!, ¡Tira esa porquería y ven conmigo!- gritó Clara que era un poco exagerada con su miedo a los bichos.

Aitana no hizo caso, vio cómo su amiga cansada de esperarla se alejaba por el camino.

¡Aggg!, ¡Qué asco, un gusano!, ¡Tira esa porquería y ven conmigo!- gritó Clara .

Con delicadeza tomó al gusanito entre sus dedos, lo puso en la palma de su mano y lo llevó hasta una hoja verde y fresca donde el pequeñín pronto encontró acomodo. Al momento, del agujerito por donde había salido el gusano brotó una luz verde que se transformó en un oso color violeta.

-¿Quién eres tú?-preguntó Aitana muy sorprendida.

-Soy el genio de la fruta y vengo a recompensar una buena acción, la tuya-contestó muy satisfecho de su aparición.

-Pero… ¡Eres un oso!, ¡Yo creía que los genios eran todos como los de Aladino!- exclamó Aitana

-Ves demasiadas películas niña, además… Soy un genio en prácticas y todavía no tengo muy claro esto de manifestarme así que… este aspecto es lo mejor que he encontrado.

-Bueno, no importa, además el violeta es mi color preferido- pensó Aitana en voz alta- ¿Y… a qué has venido oso o genio o lo que seas?

-Has cuidado de este pobre árbol, te has compadecido de su fruto caído y has liberado y puesto a salvo a ese frágil gusano en lugar de tirar la manzana y pisotearlo como hubieran hecho otros niños, tu bonita acción tiene recompensa. Pídeme un deseo pero… No puede ser un deseo solo para ti, tiene que ser un deseo tan generoso como lo ha sido tu gesto.

-El genio de la lámpara concedía tres deseos… creo- reclamó Aitana con timidez.

-¡Soy un genio humilde niña!, ¡Ya te he dicho que estoy empezando, solo puedo conceder uno!, ¡Ah y no vayas a pedirme cosas demasiado complicadas que aún no tengo mucha potencia!

Del agujerito por donde había salido el gusano brotó una luz verde que se transformó en un oso color violeta.

Aitana se quedó pensando, era mucha responsabilidad elegir algo importante para todos y solo tenía una oportunidad. El genio oso violeta, cruzó los brazos pasado un rato como señal de que se estaba impacientando.

-¡Ya lo sé!, ¡Ya lo tengo!- exclamó Aitana muy satisfecha de su decisión.

-Pues bien, dime lo que deseas y si está a mi alcance te será concedido.

-Quiero que todas las personas del mundo sean felices por lo menos un día entero- dijo Aitana muy convencida.

-Me parece un estupendo deseo, será cumplido y después de decir esto movió sus manos en círculo y desapareció.

Aitana escuchó el timbre que avisaba de que era la hora de volver y se marchó caminando muy pensativa.

Lo que ella no sabía es que gracias a su deseo, muchas personas descubrieron por primera vez una sensación tan inusual y placentera que cambió para siempre sus corazones, y les hizo entender la importancia de una sonrisa.

Paloma Cobollo.

Biografía de la autora.

Paloma Cobollo Castillo (Madrid 1966)

Desde niña muestra inquietudes artísticas y una fructífera imaginación. En la edad adulta y después de escribir muchos relatos cortos, monólogos de humor, letras de canciones y poesía, decide probar suerte con la novela, escribiendo varias y publicando hasta la fecha dos de ellas.

En 2010 gana el premio de relato corto de la Asociación Cultural Barrio La Fuentecilla con un relato titulado Haciendo el payaso por La Gran Vía.

En 2011 autopublica la novela Un Caballero, Dios o El diablo.

En 2014 es tercera finalista en la antología 152 Rosas blancas con el relato La Cita.

Así mismo es participante en diversas antologías de relato corto y con algunas publicaciones en prensa escrita.

El Regreso de Leonardo, editorial Maluma, en 2018, es su último trabajo en novela.

Publicado en A partir de 10 años, A partir de 11 años, A partir de 12 años, A partir de 14 años, A partir de 15 años, A partir de 16 años, A partir de 7 años, A partir de 8 años, A partir de 9 años, Cuento

De pesca, con Peter el pirata.

El día estaba fresco y soleado. Peter el pirata, tenía parado a un lado a, su contramaestre Sebastián, y al otro, sobre su hombro posado, su perico verde y mal hablado, John.

Navegaban en el precioso mar azulado.

—Qué bonito día para pescar —Dijo el capitán pata de palo.

—Si el capitán lo desea, las redes y unos anzuelos preparo. ¿le ordeno a los marineros, que suelten el ancla?

—Eso es lo que deseo. ¡Tomemos un descanso, ahora que el océano está manso! Llama también, al marinero que le dicen “patas de ganso” —Concluyó Peter el pirata.

Luego se quitó la bota, para andar descalzo. Colocó la carnada en el anzuelo y, lanzó el cáñamo, hasta donde le alcanzó, la fuerza de su brazo.

—¿Me ha llamado, capitán? —Preguntó el marinero.

—Sí, “pies de ganso” Te llaman así, porque eres el mejor nadando. Eso lo sé. Y debajo de nuestro barco, hay moluscos deliciosos. Ve al fondo y trae las mas grandes almejas, pues haremos una sopa en las vasijas viejas.

Peter atrapó tres peces espada, en una batalla muy tardada. En la isla del pirata, hicieron una fiesta donde, le agradecieron al dios del mar que los alimenta.

En medio de los días nublados y las tormentas. Entre las jornadas largas en busca de tesoros en los mapas. Esta bien que los piratas, se tomen un día para descansar. Yendo por la mañana de pesca, para que en la tarde se merezcan una bonita fiesta.

Publicado en A partir de 9 años

¿Sakura será Ninja?

Sakura Saiko quería ser una niña ninja. Ya tenía 9 años y su formación en Ninjutsu estaba  viento en popa, lo tenía decidido, quería dar un paso en su formación y convertirse en lo más importante de una ninja: ser espía.

            Sabía que en Nagano, su ciudad, los ninja japoneses se preparaban en diferentes artes: la defensa personal, la escritura, el don de la palabra, la filosofía, la lógica,…

            Ya dominaba la defensa personal, era cinturón verde y tenía su primera estrella, estaba contentísima. Llevaba muchos años practicando y era un logro conseguir ese cinturón. La escritura estaba chupado para ella, y el don de la palabra lo tenía más que conseguido, hablaba por los codos. Ahora creía neceario dar un paso más y pensó trabajar el sigilo, ya que la filosofía, la lógica y cosas de esas le resultaban un poco aburridas. Así empezó su primera misión.

            El traje era fundamental para  una ninja, no tenía ropa negra, pero se encargó de coger a su madre una camiseta por aquí y unos leggins de su hermana mayor por allá. Se cubrió la cabeza con una bufanda negra de su padre y ya estaba preparada.

Salió de su casa sin ser vista, ni oída, fundamental para una ninja. Desde el portal, tras una ventana seleccionó su primera misión: le resultaba sospechoso el repartidor de la publicidad, así que lo seguiría sin ser vista.

             A los pocos minutos de estar en la calle, se pasmaba de frío, estaba todo nevado y comprendió que la ropa que llevaba no era la más adecuada. Hacía dos grados bajo cero y le tiritaba todo el cuerpo.

—Pues mira, estoy desarrollando la lógica, en otra ocasión debo elegir más ropa de abrigo.—Se dijo a sí misma, con escalofríos por todo el cuerpo y un temblique que parecía estar poseída.

            Pero siguió en su empeño y perseguía con disimulo al joven repartidor.

            La hermana, desde el otro lado de la calle se dio cuenta de lo que su hermana estaba haciendo, no solo por la negrura de su vestimenta,  que resaltaba sobre la nieve como un semáforo en rojo, sino también, por el bailoteo que llevaba ocasionado por el frío. Se acercó corriendo a ella y la agarró por la bufanda negra que le iba arrastrando por el suelo.

            —¡Ah!, ¿quien ha osado detener mis pasos en una misión tan importante? ¡Atchus!, ¡Atchus!— Sakura se puso en guardia dispuesta a enfrentarse a cualquier enemigo. Pero resbaló con la nieve helada del suelo.

            —Anda, vamos a ir a casa que vas a enfermarte, y no me cojas más la ropa. —La hermana la ayudó a levantarse, le pasó su abrigo por encima y se la llevó.

            Aquella misión le ocasionó un buen resfriado, pero le sirvió para aprender que una niña japonesa como ella, no podía salir de incognito vestida de negro cuando todo está nevado, y que cuando hace frío debe ir abrigada.

           «Pues estoy desarrollando aspectos filosóficos, el pensar se me da bien— se dijo a sí misma— ¡Atchús!,¡atchús!»

En cuanto llegó a casa se tuvo que acostar, su cuerpo helado no paraba de temblar y se dejó llevar por los cuidados de su mamá.

            —Sakura si te pones bien, podrás ir mañana de excursión al templo budista Zenko-ji.—Le dijo su madre trayéndole una infusión calentita.

—Claro que estaré preparada mamá. Estoy deseando ir.

Por la mañana salió disparada de la cama como un torbellino, dispuesta a ir de excursión, Zenko-ji era el centro budista más importatne del mundo mundial y no se lo podía perder.

Cuando llegó al templo se quedó flipada, no solo con la edificación que era preciosa, sino también con la forma de vida de los monjes.

Practicaban artes marciales, como ella,  y además de las artes que ella ya dominaba, estaban en contra de la violencia, como ella. También comprendió la importancia de la meditación, ellos se lo explicaron con todo lujo de detalles: con ello llegaría al nirvana, a su yo más oculto, a tener una vida más tranquila…

Ya está, lo tenía decidido.


—¡Sakuraaaa! ¿Qué has hecho ahora hija mía? ¿Y tu melena tan bonita? No sé que voy a hacer con esta niña. —La madre estaba muy preocupada, le acariciaba la cabeza buscando el pelo.

—Mamá he decidido ser una monje budista y por eso me he rapado.

Autora: María José Vicente.

Publicado en A partir de 9 años

¿Cómo hacer una reseña positiva en una página web?

En el libro ¡Padre no puede enterarse! de la autora Mamen Ruiz, la Asociación PacoPacá es una asociación ficticia sin ánimo de lucro que se encarga del cuidado de la naturaleza y de los animales.

¿Por qué se llama así esta asociación?

Se llama así porque sus fundadores se llaman Paco y Paca. Estoy segura de que lo adivinaste. Además, porque acuden a ayudar a todas partes, ya sabes, van «pacá-pallá».

Elabora una reseña positiva (ficticia), que incluirías en su página web para recomendar los servicios.

Ayudas para escribir tu historión:

  • Los animales pueden ser fantásticos, no tienen por qué ser reales. La entrada ¡Qué historión puede ayudarte a darle nombre a tu mascota
  • Ellos han salvado a tu mascota de un peligro inimaginable, no lo típico del gatito subido en el árbol. Así que estás muy agradecida o agradecido. Y quieres que el mundo mundial lo sepa y acuda a ellos para pedir ayuda.
  • Puedes usar distintas fórmulas en tu texto:
    • Son los mejores
    • Creí que jamás volvería a abrazar a mi mascota, pero ellos…
    • Los recomiendo porque me ayudaron cuando…
    • Son increíbles, nunca pensé que serían capaces de.
  • ¡Deja volar tu imaginación! Afila bien el lápiz y escribe.
¡Padre no puede enterarse!, Mamen Ruiz

Publicado en A partir de 9 años

Sonrisas pintadas

El inicio del curso siempre suponía un torbellino de emociones para los niños, la gran mayoría se alborotaban ilusionados; otros como los pequeños que empezaban Educación Infantil, con angustia. Violeta pertenecía a este último grupo, aunque ella entraba a Cuarto de Primaria. Su zozobra era tal, que justo un día antes de incorporarse a las clases se puso enferma con febrícula y vómitos. Sus padres no quisieron forzarla, la dejaron en casa intentando animarla pues sabían muy bien que la causa de su enfermedad era la ansiedad.

Violeta era una niña encantadora, allí donde miraba encontraba la alegría. En su ya hermoso rostro, siempre lucía una sonrisa; y eso que la vida no se lo había puesto fácil, con solo dos años le detectaron pérdida auditiva. Empezó poquito a poco como un ladrón sigiloso de sonidos que le iba robando las voces de su seres queridos; los ladridos de Tobi, su cachorrito; el rugir del viento…

Desde ese día las audiometrías, las pruebas y tratamientos fueron algo habitual. Por más que buscaron no encontraron ninguna anomalía, ninguna causa contra la que luchar. Su familia no dedicó ningún segundo en lamentaciones. Pronto todos se dedicaron a aprender el lenguaje de signos. Unas veces los gestos no eran lo que tenían que ser; pero siempre, bien o mal, intentaban que fuera una tarea divertida.

Con el tiempo Violeta presumía de ser bilingüe: por un lado sabía hablar con las manos y por el otro con la boca. Eran idiomas diferentes pero ambos ricos en el milagro de la comunicación. Y cuando todo se hacía muy cuesta arriba contaba con el lenguaje universal del amor: las sonrisas, los abrazos, las miradas que derriten el corazón, el sentirse querida y capaz de todo.

Los ojos de Violeta eran negros y brillantes, su madre decía que tenían estrellas y que por eso brillaban tanto. Así debía de ser porque eran realmente mágicos. Con ellos escuchaba todo lo que pasaba alrededor, ayudando a desentrañar lo que muchas veces los sonidos le velaban. Si se fijaba bien, Violeta leía el alma de los que la rodeaban: sus mentiras, sus sueños, sus penas, sus intentos de aparentar lo que no eran. ¿Por qué los humanos solían decir una cosa y sentir otra distinta? Eso era un misterio que no conseguía resolver.

Con sus primeros audífonos el mundo sonoro fue un regalo que no se cansaba de explorar. Aunque les costaba entender el lenguaje oral, sus ojos mágicos le ayudaban en esta tarea. Era una niña feliz, agradecida a pesar de que el mundo estaba hecho para los oyentes, y de que en cada momento encontraba barreras que le dificultaban su aprendizaje y su vida diaria.

La pandemia hizo que este mundo construido con tanto esfuerzo se derrumbara como un castillo de naipes. De nada servían los ojos para ver el alma, de nada los gestos, ni las palabras que dibujaban los labios y que Violeta era tan capaz de entender. Las mascarillas lo tapaban todo y además las voces que tanto le costaba escuchar, le llegaban muy distorsionadas. Tampoco podía acercarse para oír mejor. Violeta se sentía aislada, iba a clase y no se enteraba de nada, no entendía ni a los profesores, ni a sus amigos. Comenzó a sentir una tristeza tremenda, tan grande y honda, que sus hermosos ojos de color negro dejaron de brillar.

Desde el colegio hicieron todo lo posible para que le asignaran un intérprete de signos, pero fue un intento vano. Los profesores se afanaban para ayudarla, pero ellos mismos se encontraban desbordados intentando que nadie tocara, abrazara o se acercara a otro… Con niños más distraídos que de costumbre, asustados, estresados…

Así el comienzo de un nuevo curso, no venía cargado de ilusiones para Violeta. Nadie sabe la impotencia que se siente cuando estando con tanta gente alrededor, las barreras te aíslan de todos, como si estuvieras solo en el mundo. Pasadas esas dos semanas iniciales en las que enfermó, llegó la hora para ella de incorporarse a las clases. Sus padres habían intentado animarla diciéndole que todo iba a estar mejor, pero ella había perdido toda esperanza.

Al llegar al colegio, le esperaba una gran sorpresa: todos, niños y profesores habían pintado en sus mascarillas una sonrisa; unas mejores que otras, pero todas dibujadas con la intención de que Violeta pudiera leer de nuevo el alma de la gente. Y conforme iba pasando entre ellos, sus manos la saludaban con el lenguaje de los signos, unas decían «¡hola!», otras «¡bienvenida». Además en su clase sus compañeros se habían esforzado mucho en mantenerse en silencio para que sus voces no silenciaran la de los maestros; y cuando alguien quería hablar levantaba la mano y se colocaba delante de Violeta para que ella pudiera escucharlo. La «Seño» escribía lo más importante en la pizarra…

Fueron muchas las pequeñas atenciones a lo largo de la jornada lectiva. Al volver a casa su desazón había desaparecido. El curso no sería sencillo pero con la ayuda de los demás sería mucho más fácil superarlo. Esa noche, como de costumbre, las estrellas volvieron a brillar en sus ojos.

Si estás leyendo esta historia, piensa que tú puedes ser la sonrisa pintada en la vida de quien pueda necesitarla.

(Fotografía de portada: Pixabay).

Publicado en A partir de 9 años

Mi gato Gatón

Mi gato Gatón

Mi gato Gatón vive en una estrella.

Mi gato Gatón todo lo ve

desde el día en que se fue.

Sus ojitos de amor azulado son la luz,

en el cielo para siempre dorado.

Mi gato Gatón era todo corazón,

muchos nombres le han llamado

y él a todos respondía delicado.

Que si Gaticán, que si Perrigato, que si Snoppy

y de Gatón a Ratón ha pasado.

Y él nunca preocupado.

Mi gato Gatón nunca vivió enfadado,

feliz jugaba, feliz cazaba

y con su ron ron a todos lados.

La camita de Gatón está vacía.

Ahora duerme y brilla

en todos los ángulos de mi vida

¡Mi Gatón bonito, mi Gatón amado!

Un día fue gato amable,

hoy energía palpable.

Mi lindo amigo,

rey de los gatos, gato Gatón,

siempre permanecerás en mi corazón.

Autora: María José G. Alvite

Publicado en A partir de 9 años, Poesía

Vuela

¿Quieres volar?

Vuela con alas

de papel.

Entre trazos de tinta

que te muestre los

siete mares, convirtiéndote

en un valiente marinero

batiéndose contra

temibles mares y

tempestades en

busca de su amor o

su tesoro.

Un pirata bondadoso

que va cantando en

la proa dichoso.

Vuela sobre

bosques oscuros y

tenebrosos,

o completamente luminosos.

Baila el cántico de viejos

trovadores del brazo de hadas,

elfos u hombres.

Vuela sobre castillos

de caballeros y princesas.

Cabalga a lomos del

más indomable corcel.

Vuela sobre tierras

sin fronteras conocidas.

No hay libro demasiado

grande, ni sueño pequeño

para quedar olvidado en

la caja del olvido.

Vuela sin miedo.

Publicado en A partir de 9 años

La fiesta de todos los mundos

Aquel día era el más especial del año, porque era el único en el que el mundo de la fantasía y el real, se unían en una celebración.

Cada año nacía un nuevo rey en algún país del mundo y todos los habitantes de la tierra se reunían a celebrar junto a aquellos seres fantásticos que venían cargados de regalos.

Llegaban en carrozas adornadas de todas las cosas que solo existen en los mundos de la fantasía: luciérnagas de ojos de sol, estrellas de mar lumínicas, arcoiris de cuatrocientos colores, hojas bailarinas de árboles multicolores y otras cosas bellas.

Eran conducidas por todos los seres que solo se podían ver en las películas. Había hadas de luz, elfos de orejas de algodón, unicornios con cuernos de azúcar, dragones que escupían fuegos artificiales, brujitas montadas en globos, ninfas con guitarras que cantaban por sí solas, sin que nadie las tocara, gigantes vestidos con nubes, sirenas con colas largas fosforescentes y muchos otros seres hermosos y maravillosos.

Miles de carrozas rodaban por un trayecto largo, de muchos kilómetros,  haciendo este grandioso espectáculo. Las personas las seguían, gritando y cantando al compás de las canciones divinas que estos seres entonaban.

Los seres fantásticos iban regalando bolsitas llenas de sueños, que lanzaban a las personas que estaban alrededor de la caminata. Mientras, las personas les enviaban de vuelta, caramelos de fresa y chocolate, que no había en aquellos mundos de donde ellos venían.

El recorrido iba hasta el castillo y justo frente a la gran puerta de hierro, se detenía. El guardia del castillo sacaba una gran trompeta de cuatro metros, que parecía más grande que una torre; y soplaba con mucha fuerza, dando la señal de que todos estaban listos para recibir al rey.

Entonces salían el rey padre y la reina madre al balcón y alzaban al niño en brazos, mostrándoselo a todos. Ahí, en medio de un gran silencio, se oía el llanto del rey y comenzaba la fiesta.

Era solo un bebé acabado de nacer, muy pequeñito, pero tenía una gran importancia, porque era el motivo para que la fantasía saliera de esos mundos de los cuentos y se hiciera realidad, en algún lugar de la tierra.

La fiesta duraba toda la noche y la madrugada. Nadie dormía ese día, solo bailaban, saltaban, cantaban y festejaban hasta que la luna se escondía.

Cuando el día acababa, el sol asomaba por entre las nubes, dando la señal del fin del día anterior y el comienzo de uno nuevo. Entonces todos se despedían entre besos y abrazos y todo volvía a la normalidad. Los seres fantásticos se iban a sus mundos y las personas a sus casas.

Pero todos se iban deseando que llegara el próximo seis de enero, para que naciera otro rey, en algún país y poder bailar juntos en la fiesta de todos los mundos.

Publicado en A partir de 9 años

La primera mariposa

Todos le decían que era una oruga y ella no lo entendía, pues siempre creyó que era una mariposa, aunque todas sus hermanas le decían que era una simple oruguita, como ellas.

Llegó el invierno y tenía mucho frío, así que se hizo un abrigo muy fino y brillante que la matendría calentita por un tiempo. Era tan cómodo, que se quedó dormida en su abrigo por varios meses.

Cuando los primeros rayos del sol de la primavera se colaron por la tela de su abrigo, despertó. Sintió unas ganas enormes de moverse y bailar; y así lo hizo, bailó durante horas, hasta que el abriguito cayó al piso. Dejó que el sol le calentara la cara y rió feliz. Descubrió que, como todas las orugas, se había convertido en una mariposa.

Mientras volaba por las nubes vio a sus hermanas, que también bailaban felices, porque sabían que algún día serían bellas mariposas como ella.